Marine Le Pen. Google images.

París | La Vanguardia, Blogs | 

Trump se dice en francés, «Le Pen». Esa es la traducción literaria del oprobio y la vergüenza. Su victoria en Estados Unidos, ¿tiene una traducción directa al francés? ¿En las presidenciales del próximo mayo? Hasta ahora el ascenso del ultraderechista Frente Nacional en Francia ha sido contenido por el mayor peso de la alergia que tal fuerza política suscita en una mayoría de franceses, pero ¿tiene ese factor alergia fecha de caducidad? ¿La erosiona y anula lo que ha pasado en Estados Unidos?

“Después del Brexit y de esta elección ya todo es posible, todo un mundo se está hundiendo ante nuestros ojos, un vértigo”, tuiteaba sobre las siete de la mañana el embajador de Francia en Estados Unidos, Gérard Araud. Una hora después, mientras el ministro de exteriores francés observaba que si Trump ganaba, Francia le felicitaría y trabajaría con Estados Unidos, el mensaje del embajador era borrado de la red.

A aquella misma hora, las 7:20 la líder del Frente Nacional, Marine Le Pen, era la primera en felicitar a Trump: “Felicidades al nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump y al pueblo americano libre”. “Por segunda vez después del Brexit, el pueblo no se deja dictar su opción por una oligarquía”, abundaba tres minutos después el segundo del partido, Florian Philippot.

En lo que tienen de reacción “antisistema” y de “socialismo de los tontos”, como alguien calificó en su día al antisemitismo –hoy aplicable al ultraderechismo- los Trump y Le Pen son productos bastardos de la degeneración de las democracias occidentales. Democracias de baja intensidad erosionadas por su fundamento oligárquico, por el miedo, la inseguridad, la guerra y la desigualdad. El sistema político francés “funciona cada vez peor” declaran el 77% de los franceses en una encuesta publicada esta semana. Seis de cada siete consideran que, “las elecciones no cambian nada”.

Dado que tal proceso de degeneración continúa viento en popa, tanto en Estados Unidos como en Europa, no hay ninguna garantía de que los productos bastardos no acaben imponiéndose a largo plazo contribuyendo así a la propia degeneración de la que son resultado.

Así lo ven muchos observadores en Francia, donde pocos son los que descartan por absurda que la fórmula Le Pen termine venciendo por la suma del agotamiento, el aburrimiento, el desencanto y la abstención. De momento es casi seguro que la Señora Le Pen estará en la segunda vuelta de las presidenciales francesas del próximo mayo. En cierto sentido no se trata solo de un peligro futuro, sino de una tendencia presente, porque elementos del discurso lepenista ya comienzan a adquirir rango de respetabilidad al haberse instalado en el centro mismo del discurso político del establishment francés.

Nicolas Sarkozy intenta arrebatarle banderas al Frente Nacional para afirmarse como candidato líder de la derecha y hasta el maltrecho presidente “socialista”, François Hollande, intentó lanzar sus guiños con su malograda propuesta de desposeer de la nacionalidad francesa a los binacionales implicados en terrorismo. Y quien dice Francia, dice Europa y el mundo occidental en general.

En política exterior, la simple realidad es que nadie, ni siquiera el propio Trump, sabe lo que el nuevo presidente hará. “No tiene competencias, no sabe qué hará en el conflicto israelo-palestino, ni con Irán…afirma la voluntad de la fuerza, una postura de tipo mussoliniano, como él mismo explicó al principio de campaña al decir en un tweet que Mussolini era un buen tipo”, dice Philip Golub, especialista de la Universidad Americana de París. “Al llegar al poder se encontrará con la interdependencia compleja que da a Estados Unidos su preponderancia mundial: las instituciones moderarán seguramente su postura”, aventura este experto.

Lo que está claro es que Estados Unidos ya no dispone de las palancas y resortes para actuar en el mundo con la holgura que antes tenía y que en el contexto de los Imperios Combatientes apenas puede aspirar a una gestión del caos. ¿Será prudente o profundizará ese caos como hizo George W. Bush? ¿Qué pasará en materia de cambio global? “No podrá poner en cuestión la conferencia de París sobre calentamiento”, ha dicho esta mañana la ministra de medio ambiente francesa, Ségoléne Royal. Ni siquiera eso es seguro. ¿Y en Europa?

Con la necia colaboración de la Unión Europea, aquí se está incubando una nueva guerra fría, tanto más absurda en cuanto que ya ni siquiera hay diferencias entre los sistemas socioeconómicos de las potencias implicadas, es decir Rusia y las potencias de la OTAN. Una dinámica tanto más peligrosa, porque la actual escalada está teniendo lugar en ausencia del tejido de acuerdos en materia de armas nucleares que regía mal que bien las relaciones de la guerra fría y ante una considerable indiferencia informativa y ciudadana.

La previsión era que todo eso empeorara con la Clinton, dice Diana Johnstone, una brillante observadora americana residente en París, autora de un magnífico libro sobre Clinton, La Reine du Chaos (La reina del caos). “Ella era el partido de la guerra”, dice. ¿Los guiños de Trump a Putin, cambiarán ahora algo este desatino?

Son preguntas sin respuesta. “Entre los consejeros de Trump hay algunos integristas cristianos, militaristas, aislacionistas, ahí hay un gran fluido, pero Trump es un autócrata y nadie sabe lo que resultará de todo ello”, dice Golub. En la elección entre malo y peorha ganado… un ovni.

“Quise conocer América para saber que podíamos esperar o temer de ella”, escribió Alexis de Tocqueville hace 180 años. Nosotros también.

Comentar con Facebook ()

Comentar (1)

1 Comentario

DEJA UNA RESPUESTA