El Intelectual aunque Idiota (IYI)

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Nassim Nicholas Taleb | Sin Permiso | 13/11/2016

Lo que hemos presenciado por todo el mundo, desde la India a Reino Unido o los EEUU, es la rebelión contra el estrecho círculo de los “profesionales” y periodistas dedicados a políticos sin tener nada en juego en ello, esa clase de expertos paternalistas semi-intelectuales con un poco de liga Ivy, Oxford-Cambridge, o educación de etiqueta similar, que nos cuenta al resto 1) qué hacer, 2) qué comer, 3) cómo hablar, 4) cómo pensar… y 5) a quién votar.

Pero el problema es el tuerto que sigue al ciego: esos miembros autodenominados como “intelligentsia” no pueden encontrar un coco en la Isla de los Cocos, quiero decir que no son lo suficientemente inteligentes para definir inteligencia sin caer en circularidades – aunque su principal cualidad sea su capacidad para superar exámenes diseñados por gente como ellos. Con papers en psicología con menos de un 40% de réplicas, consejos dietéticos que nos hacen retroceder después de 30 años de gordofobia, análisis macroeconómicos que funcionan peor que la astrología, el nombramiento de Bernanke quien estaba muy lejos de conocer siquiera los riesgos, y ensayos farmacéuticos que se replican en el mejor de los casos sólo un tercio de las veces, la gente tiene todo el derecho del mundo para confiar en sus propios instintos ancestrales y escuchar a sus abuelas (o a Montaigne y el conocimiento clásico así filtrado) que tienen mejores antecedentes que estos imbéciles dedicados a la política.

Ciertamente uno puede ver que estos burócratas académicos que se sienten en pleno derecho de dirigir nuestras vidas no son siquiera rigurosos, sea en estadísticas médicas o en diseño de políticas. No pueden separar ciencia de cientificismo – de hecho a sus ojos el cientificismo les parece incluso más científico que la ciencia misma. Por ejemplo es trivial señalar lo siguiente: mucho de lo que los tipos como Cass Sunstein o Richard Thaler – estos que quieren “alentarnos” a determinados comportamientos – mucho de lo que ellos clasificarían como “racional” o “irracional” (o algunas de esas categorías que indican desviación respecto de un protocolo deseado o prescrito) viene de su incomprensión de la teoría de la probabilidad y de un uso cosmético de modelos de primer orden. Son también propensos a confundir el conjunto para la agregación lineal de sus componentes como vimos con el capítulo sobre extender la regla de la minoría.

El Intelectual aunque Idiota [Intelectual Yet Idiot, “IYI” en lo que sigue. NdT] es una producción de la modernidad que se ha acelerado desde mediados del siglo XX, hasta alcanzar su máximo local hoy, junto con la amplia categoría de gente que-no-tiene-nada-en-juego que han estado invadiendo muchos sectores vitales. ¿Por qué? Sencillamente, en la mayoría de países, el papel del gobierno es entre cinco y diez veces mayor de lo que era cien años antes (expresado en porcentajes de Producto Interior Bruto). El IYI parece omnipresente en nuestras vidas pero es aún una pequeña minoría y raramente es visto fuera de sus entornos especializados: thinkthanks, medios de comunicación y universidades – la mayoría de la gente tiene trabajos decentes y no hay muchas vacantes a IYI.

Cuidado con el semi-erudito que se cree un erudito. Yerra en detectar con naturalidad la sofistería.

El IYI patologiza a los demás por hacer cosas que él mismo no entiende sin darse cuenta siquiera que es su comprensión la que está limitada. Cree que la gente debería actuar conforme a lo que más le interesa y él conoce esos intereses, especialmente si hablamos de “provincianos” o de la clase “que no pronuncia claramente las vocales” y votó por el Brexit. Cuando los sectores plebeyos hacen algo que tiene sentido para ellos mismos, pero no para el IYI, entonces éste emplea el término “incultos”. Lo que generalmente llamamos participación en el proceso político, él lo denomina haciendo una distinción: “democracia” si encaja con sus ideas, y “populismo” cuando los sectores plebeyos se atreven a votar contradiciendo sus deseos. Mientras que la gente rica cree en el “un pagador de impuestos, un voto”, los más humanistas confían en el “un hombre, un voto”, Monsanto confía en “un lobby un voto”, el IYI cree en “un titulado en la Liga Ivy, un voto”, con algunas equivalencias para las escuelas de élites y los doctorados extranjeros, ya que son necesarios en el club.

Visto más socialmente, el IYI está suscrito al The New Yorker. Nunca insulta en twitter. Habla de “igualdad de razas” e “igualdad económica” pero nunca salió a tomar algo con un taxista (de nuevo, no tener nada en juego como concepto es algo extraño para el IYI). Son aquellos en Reino Unido a los que Tony Blair les tomó el pelo. El IYI moderno ha asistido a más de una charla TEDx en persona o ha visto más de dos por Youtube. No sólo votará por Hillary-Monsanto-Malmaison porque ella parece elegible o por algún razonamiento circular similar, sino que sostendrá que cualquiera que no lo haga es un enfermo mental.

El IYI tiene una copia de la primera edición en tapa dura de The Black Swan en sus estanterías, pero confunde la ausencia de una evidencia con la evidencia de una ausencia. Cree que los transgénicos son “ciencia”, que la “tecnología” no es diferente de la educación convencional como resultado de su prontitud a confundir ciencia con cientificismo.

De forma típica, el IYI capta correctamente la lógica de primer orden, pero no los efectos de segundo orden (o superiores) lo cual le convierte en un completo incompetente en dominios complejos. En la comodidad de su casa suburbana con garaje de dos plazas, defendió la “destitución” de Gadafi porque él era un “dictador”, sin ser consciente de que las destituciones tienen consecuencias (recalco de nuevo que como no tiene nada en juego, no paga ninguna consecuencia).

El IYI se ha equivocado históricamente, con el Estalinismo, el Maoísmo, los Transgénicos, Iraq, Libia, Siria, las lobotomías, la planificación urbana, las dietas bajas en carbohidratos, las máquinas de gimnasio, el conductismo, las grasas saturadas, el psicoanálisis freudiano, la teoría moderna del portafolio, la regresión lineal, el gaussianismo, el salafismo, los modelos de equilibros dinámicos estocásticos, los proyectos de vivienda, el gen-egoísta, Bernie Madoff (antes de la explosión) y el p-valor. Pero está totalmente convencido de que su posición actual es la correcta.

El IYI es miembro de un club para conseguir privilegios en viajes; si hace de científico social utiliza la estadística sin conocer de dónde se derivan sus fundamentos (como Steven Pinker y los psicolofastros en general); cuando está en el Reino Unido, asiste a festivales de literatura; bebe vino tinto con la carne (nunca blanco); solía creer que la obesidad era dañina y ahora ha cambiado totalmente de opinión; toma estatinas porque su doctor le dijo que lo hiciera; no consigue entender la ergodicidad y cuando se la explican, se olvida de ello más pronto que tarde; no emplea palabras del yiddish incluso cuando está hablando de negocios; estudia gramática antes de hablar una lengua; tiene un primo que ha trabajado con alguien que conoce a la Reina; nunca ha leído a Frederic Dard, Libanius Antiochus, Michael Oakeshot, John Gray, Amianus Marcellinus, Ibn Battuta, Saadiah Gaon, o Joseph de Maistre; nunca se ha emborrachado con rusos; nunca se ha emborrachado tanto como para empezar a romper vasos (o, preferiblemente, sillas); incluso desconoce la diferencia entre Hecate y Hecuba (lo cual en “brooklinense” sería “no puedo distinguir sh** de Shinola”); desconoce que no hay diferencia entre “pseudo-intelectual” e “intelectual” cuando no hay nada en juego; ha mencionado la mecánica cuántica al menos dos veces en los últimos cinco años en conversaciones que no tenían nada que ver con la física.

El IYI conoce en cualquier momento lo que sus palabras o acciones repercuten en su reputación.

Pero hay un marcador mucho más sencillo: no entrena el peso muerto[1].

No un IYI

Post-scriptum

Ante las reacciones a este artículo, he descubierto que el IYI tiene dificultad, cuando lo lee, en diferenciar entre lo satírico y lo literal.

Post-Post-scriptum

El IYI piensa que la crítica del IYI significa “todo el mundo es un idiota”, sin darse cuenta de que su grupo representa, como hemos dicho, una diminuta minoría – pero a ellos no les gusta que se desafíe su sentido de privilegio y aunque traten al resto de seres humanos como inferiores, no les agrada cuando la manguera apunta en dirección opuesta (lo que los franceses llaman arroseur arrosé [“El regador regado”. NdT]). Por ejemplo, Richard Thaler, compañero de Cass Sunstein el gran defensor que propugna el uso de transgénicos, interpretó este artículo como si dijera “no hay muchos no-idiotas que no se llamen Taleb”, sin constatar que la gente como él son menos del 1% de la población, o incluso menos.

Notas:


[1] El peso muerto o “deadlift” es un entrenamiento en el que una barra cargada con pesas se levanta desde el suelo hasta la altura de la cadera para ser soltada después. La demoledora ironía es evidente, véase el post-scriptum [NdT]

 

investigador y financiero libanés afincado en EEUU. Actualmente es Distinguished Professor en el Instituto de Ciencias Matemáticas de la Universidad de Nueva York. Es autor de Fooled By Randomness (2004, traducido al español en 2006 ¿Existe la suerte? Engañados por el azar, Barcelona, Paidós), The Black Swan (2007, traducido al castellano en 2008 El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable, Barcelona, Paidós) y Antifragile: Things That gain From Disorder (2012, traducido al castellano Antifrágil: las cosas que se benefician del desorden, Barcelona, Paidós).

Traducción: Julio Martínez-Cava

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