Iñigo de la Serna: un Plan General anulado y fobia a la participación ciudadana

UN MINISTRO DE FOMENTO MARCADO POR EL URBANISMO

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Iñigo De la Serna deja la alcaldía de Santander para tomar la cartera de Fomento, dejando de herencia un Plan General de Ordenación urbana que quiso llevarse por delante varios barrios humildes, tumbado por el Tribunal Supremo. Su trayectoria en Santander ha estado marcada por el urbanismo y los daños colaterales de su planeamiento y de sus obras, con prácticas habituales como las bajas temerarias y los sobrecostes.
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La casa de Amparo, destruida para construir un vial innecesario

Oscar Allende, El Faradio | Diagonal | 11/11/16

[Adelanto del libro, actualmente en crowdfunding, “Expulsados. Santander: la transición urbanística pendiente”]

En la toma de posesión del nuevo ministro de Fomento, el santanderino Íñigo de la Serna, estaban las principales grandes empresas constructoras del país.

La cercanía con este sector no es algo nuevo para él: el que fuera alcalde de Santander durante tres legislaturas se ‘baja’ a Madrid a ocupar la cartera de Fomento con una maleta marcada por el urbanismo y sus consecuencias.

Desde su nuevo despacho recibirá la inminente anulación por parte del Tribunal Supremo del Plan General de Ordenación Urbana aprobado bajo su mandato. Tuvo que lidiar con un movimiento vecinal crítico de afectados por procesos de gentrificación(a quienes descalificó públicamente llamándoles “plataformitis”) que creció a raíz de la muerte de la anciana Amparo Pérez tras una larga lucha contra su expropiación.

Ambas cuestiones, el Plan General y la gentrificación están íntimamente ligadas: la acumulación de casos de expulsión de vecinos y vecinas de los barrios de la capital cántabra ha llegado incluso a forzar la modificación de una ley autonómica para intentar garantizar el derecho al reaolojo de los vecinos expulsados de sus casas.

De Amparo se queda…

Santander ha sido una ciudad tradicionalmente calmada con un movimiento vecinal demasiado próximo al equipo de Gobierno del PP, partido que ha gobernado siempre la Alcaldía. Pero todo cambió a raíz de Amparo, una anciana que se levantó contra la expropiación de su finca, en la Vaguada de Las Llamas (un vestigio del Santander más rural), para construir un vial de conexión con el centro de la ciudad.

Un vial, adjudicado a Copsesa (empresa de un compañero de partido) que ya se advirtió como innecesario entonces por la cercanía a escasos minutos de otro que cumple la misma función, que acabó costando más de lo presupuestado y que más de un año después de su apertura en período electoral tiene un tráfico nulo.

Todo fue tan evidente que despertó una inusitada ola de indignación en la ciudad, con el apoyo inicial de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) de Santander, a la que se sumaron distintos colectivos, con hitos como una acampada nocturna en la propia finca, una campaña de escraches o una gran manifestación ante el acto de inauguración del Mundial de Vela. Todo ello fue acompañado de agresivas respuestas por parte del equipo de Gobierno, con comunicados públicos en los que cargaban contra la anciana como si de un miembro de la oposición se tratase.

No fue hasta última hora del conflicto cuando el alcalde accedió a reunirse con ella, sin ofrecer ninguna solución concreta al coste de la expropiación, consecuencia además de una inusual recalificación a la baja, en la que la alternativa era un piso en las afueras que le hubiera supuesto un desembolso económico.

La expropiación se hizo efectiva y, días después, el estado de salud de Amparo empeoró hasta que falleció. Un informe médico diagnosticó que el estrés de los meses de lucha había agravado su salud.

… a Amparo no está sola

Desde entonces, el nombre de Amparo quedó asociado a una batalla, la de la dignidad. Y todas las plataformas vecinales de afectados por el urbanismo que comenzaban a funcionar, o que surgieron después reconocieron el influjo y la inspiración que su lucha ha supuesto para ellas. Porque lo cierto es que empiezan a ser bastantes los vecinos de la ciudad que están descubriendo el significado de la palabra gentrificación.

En la parte alta de la ciudad están El Prado San Roque o El Pilón, los barrios de la emigración rural en los que todavía se pueden ver huertas y casitas, y que han visto durante años como faltaban las inversiones, se acumulaba la suciedad y se deterioraban los equipamientos. Hubo vecinos que quisieron hacer reformas de sus edificios y recibieron el silencio municipal por respuesta. Su situación ha generado bastante movimiento: en Santander, las pintadas callejeras son contra el urbanismo.

Ese urbanismo, que hace nueve años tuvo capítulos como el derrumbe mortal en el céntrico barrio del Cabildo de Arriba, con tres víctimas, ha sido uno de los principales asuntos que ha preocupado a la oposición. En las últimas municipales accedieron a la Corporación concejales de Izquierda Unida o Santander Sí Puede, aunque el PP retuvo la Alcaldía gracias a la muleta de Ciudadanos.

El modelo urbanístico de Santander

Todo parte de un modelo consagrado por el Plan General de Ordenación Urbana de 2012, que optó, con bastante sorpresa, por agotar urbanísticamente todo el suelo del municipio pese a su constante pérdida de población, y que concentraba los espacios verdes en una única zona, quedando todo lo demás abierto a la posibilidad de construcción.

Es una cuestión de concepto: los nuevos proyectos revalorizan barrios a costa de desplazar a los vecinos. En Santander, ese modelo sigue vigente desde que el incendio de 1941, en plena posguerra, convirtió el centro en un solar que permitió levantar la ciudad a imagen y semejanza de un régimen que también tenía sus constructoras de confianza, y al que también le sobraban los vecinos para sus planes. Sin saberlo, Franco había inventado la gentrificación. Sí, en el urbanismo también hace falta una transición democrática.

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