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Raúl Rejón – Marrakech (Marruecos) | El Diario | 15/11/2016

“Participa en Marrakech en la Cumbre sobre Cambio Climático”, rezaba la agenda oficial del presidente del Gobierno, Mariano Rajoy para este martes. Se ha tratado de su primer viaje oficial tras asumir plenas funciones. ¿Un mensaje de compromiso? Rajoy ha llegado al salón plenario, se ha retratado con el secretario general del ONU, Ban ki-moon y el rey de Marruecos Mohammed VI. No ha intervenido en el nombre de España. Se ha marchado al almuerzo real.

Posteriormente ha dado una rueda de prensa en la que se ha limitado a ratificar que España va a cumplir el Acuerdo de París y, preguntado por el negacionismo de Trump, ha dicho que “no tiene sentido pronunciarse sobre hipótesis”. No ha concretado nada a la pregunta de si hay fecha para el fin del carbón en España y ha zanjado que el acuerdo de París “será positivo para la salud de las personas hoy y en el futuro próximo”. El resto de la intervención y preguntas ha sido sobre política.

El plenario sobre cambio climático de la COP22 ha reflejado en cierta medida el interés político que ha desarrollado en las agendas de los gobernantes mundiales. Tras los discursos del jefe del Estado marroquí, Mohammed VI y de Francia, François Hollande, el perfil en la lista de intervenciones ha decaído dramáticamente.

Entre los presidentes y cabezas de estado que han llegado a Marruecos han abundado países especialmente vulnerables al cambio climático pero de poco peso geoestratégico como Seychelles, Nauru, Micronesia, Chad…. De entre los principales emisores de dioxido de carbono, EE UU ha anunciado al enviado especial para el Cambio Climático Jonathan Pershing, China se ha quedado en el representante especial para Asuntos del Clima y Desarrollo Nacional, Rusia al enviado especial para la Administración Climática, La India, igual que Japón, a sus ministros de Medio Ambiente.

Por parte de la Unión Europea, el comisario de Cambio Climático, Miguel Arias Cañete y el responsable medioambiental de Eslovaquia, László Sólymos, han compartido el atril del plenario de la ONU. Y eso que la organización de la Convención explicaba que existe un “fuerte interés por asistir a la apertura de la primera sesión de la Conferencia bajo el Acuerdo de París”.

De Europa, el único jefe de Gobierno alistado ha sido el portugués Antonio Costa. Después de que Hollande tuviera que defender el Acuerdo de París (que capitaneó su enviado especial y ministro de Exteriores Laurent Fabius), los oradores europeos han rebajado un par de escalones el escalafón.

En peligro la “conferencia de las soluciones”

De hecho, Hollande se ha visto obligado a cambiar su discurso y pasar de asegurar que Marrakech sería la “conferencia de las soluciones”, en septiembre pasado a tratar de blindar los logros que obtuvo su diplomacia el año pasado sobre el cambio climático frente a la irrupción del presidente electo estadounidense y negacionista Donald Trump: “EE UU debe respetar los compromisos firmados. No es solo su deber. También su interés. El de su pueblo”, ha esgrimido el presidente francés en la ciudad marroquí. Trump, sin haber tomado todavía posesión de su cargo, se está adueñando de la cumbre.

Sin embargo, sus compañeros de Unión no han tomado la palabra como sí hicieron hace un año cuando David Cameron, Angela Merkel, Mateo Renzi, Mariano Rajoy y la mayoría de jefes de Gobierno subieron a la palestra.

Además de España que ha presentado a la ministra de Medio Ambiente, Isabel García Tejerina, el Reino Unido ha anunciado a su ministro de Cambio Climático e Industria. De igual manera, Italia, Alemania, Bélgica, Austria, Hungría, Polonia, Letonia, Rumanía, Luxemburgo, Países Bajos, Finlandia, Suecia o Grecia han hecho pasar por el podio de discursos a segundos (o terceros) espadas. El interés y la atención que provocan estos emisarios no es comparable con la de sus jefes políticos.

A la jornada inaugural de París en 2015, acudió el presidente de EE UU, Barack Obama. Hizo su discurso en el que determinó que “este es el momento para salvar el planeta”. Quizá arrastrados por él, intervinieron el presidente de China, Xi Jinping, el primer ministro japonés, Shinzo Abe y su homólogo indio. Todos representaban a estados con grandes emisiones de gases de efecto invernadero. Ocupan los primeros puestos mundiales y suponen más de un cuarto del volumen mundial.

A la COP22 se le ha bautizado como la “cumbre de la acción”. La ciudad está cuajada de carteles oficiales que lo recuerdan en francés, español, inglés o árabe. Concretar cómo se hará y controlará el compromiso internacional para limitar el calentamiento global a 2ºC. Incluso apretar la ambición política y rebajar ese tope aun más para evitar un camino irreversible de cambio climático.

De momento, las proposiciones que ha llevado la presidencia de la cumbre a la partes recoge vaguedades como “recordar el acuerdo de París, celebrar su entrada en vigor, felicitar a las partes por su rápida ratificación” o ” reconocer la necesidad de obtener un resultado exitoso en el trabajo de implementación del acuerdo”. En palabras del eurodiputado de Equo, Florent Marcellesi: “Es un mensaje poco alentador. Muestra la falta de compromiso contra el cambio climático”.

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