Felipe González: El Viejo de la Montaña

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Fue leyendo Los paraísos artificiales, esa pequeña obra maestra de Charles Baudelaire sobre su experiencia como fumador de hachís y consumidor de otras sustancias propicias a las ensoñaciones, cuando escuché por primare vez mencionar a Hasan ibn Sabbah, también conocido como El Viejo de la Montaña, líder de una secta llamada los hashshashí, conocidos literalmente como los “comedores de hachís”. El viejo gurú en cuestión, tras insuflar un ánimo exacerbado a sus fieles debido a la ingesta de aquellos “verdes venenos”, como los llamaba Valle Inclán en su maravillosa poema La Pipa de Kif, mandaba a sus devotos seguidores a cometer el asesinato de algún cargo político o religioso que no gustase mucho a aquel viejo que reinaba como una especie de Dios Supremo en aquella montaña.

La verdad es que no encuentro otra historia más idónea para explicar en lo que se ha convertido el expresidente Felipe González para nuestra reciente historia política, ese mismo que desde su poltrona en la lejanía, cada vez que habla, tiemblan los cimientos de un partido con más de cien años de historia. A una palabra suya todos sus fieles se pusieron en marcha para cortar la cabeza a Pedro de Sánchez y montar una gestora en el partido, que de alguna forma, es como esa secta de los hashshashí de los que hablaba antes, que a la mínima orden de su caudillo se cargaban de un plumazo a quien resultaba molesto para el “amado líder” y los intereses de sus amigotes.

El antiguo gurú islámico de la montaña manejaba la voluntad de sus seguidores a base de hachís o ingestas de opio. No sabemos qué tipo de narcótico usará González para adiestrar a sus hordas, supongo que será algún tipo de gas, quizá, gas natural, no lo sabemos. Lo cierto es que una palabra de González sirve para que “el verbo se haga carne”, carne de cañón, claro está.

De nuevo Felipe González desde su particular montaña (esta vez desde una entrevista realizada por la revista francesa Politique Internationale) arremete contra Pedro Sánchez, poniendo en duda que el exsecretario general del PSOE pueda hablar más de media hora sobre sus propuestas para España. Además también lo acusa de estar más interesado en su partido que en nuestro país. De paso también salda sus cuentas pendientes con Zapatero, recordándole, esta vez con mucha razón, que “no vio la crisis y que perdió el tiempo”. Lo que a González se le olvida es que el expresidente Zapatero no perdió tanto el tiempo y con nocturnidad y alevosía modificó el artículo 135 de nuestra Constitución e hizo que España perdiese soberanía frente a los poderes financieros y la Troika. Pero supongo que esto no lo critica porque le gustó… y mucho.

Pero claro, siguiendo con las comparativas religiosas, González sólo ve la paja en el ojo ajeno y nunca ve la viga que tiene incrustada en el suyo. Quizá si González se hubiese interesado mucho más por su partido no hubiera sido el artífice de la abstención del PSOE y no hubiese regalado el gobierno a Mariano Rajoy y al Partido Popular. Quizá si González hubiese sido fiel al ideario socialista y al mantenimiento del estado de bienestar no hubiese empezado a vender y a privatizar lo que es de todos para dárselo a sus amiguetes y terminar en el consejo de administración de Gas Natural, una empresa que quiere convertir Doñana en un almacén de gas y que corta la luz a una anciana de Reus, sin avisar al ayuntamiento, con el desastroso y penoso desenlace que ya todos conocemos.

“Mejor haría González en callarse ya de una puta vez”, escucho decir indignados a muchos amigos socialistas, esos mismos que todavía, elección tras elección, siguen echando en Andalucía el voto en la urna para la mano derecha, o mejor dicho, “de derechas”, de González, que no es otra que Susana Díaz. En fin… pronto verán la luz… Esperemos.

Qué fácil es adoctrinar desde la montaña, qué fácil es mandar a cortar cabezas desde su yate y dominar los designios de todo un partido desde su trono celestial y su retiro dorado. El Viejo de la Montaña, vuelve a la carga. Felipe González es ya como sus amigos del Ibex 35, quiere gobernar sin presentarse a las elecciones y no dudará en cargarse a quien se ponga por delante.

Hemos de intentar por todos los medios que personajes como González, Cebrián, etc… no dominen un país desde sus montañas y que junto a sus fieles “corta cabezas”, no logren cercenar la ilusión de muchos de ver de una vez por todas un gobierno que se preocupe por la gente y sus problemas. Por eso alzar la voz, movilizarse, tomar la calle, chillar, rebelarse, empoderarse, preocuparse por los problemas de la gente que nos rodea es fundamental para acabar con personajes como este. La indiferencia y el pasotismo es lo que quieren estos “viejos de la montaña”.

No lo consintamos. Porque como dijo Virginia Woolf “no son las catástrofes, los asesinatos, las muertes, las enfermedades las que nos envejecen y nos matan; es la manera como los demás miran y ríen y suben las escalinatas del bus”. Convenzamos a los que suben al bus con una sonrisa. No son tiempos para sonreír, sino para luchar.

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Manuel Tirado Guevara
Nací en San Juan del Puerto (Huelva). Soy profesor de Lengua Castellana y Literatura en el IES José Caballero de la capital onubense. Alguien dijo que el terror es el papel en blanco, pues yo escribo para combatir ese terror. Lo mismo me zambullo en los versos de Baudelaire o en las novelas de Kafka que te canto un fandango de Paco Toronjo o una copla de una chirigota del Carnaval de Cádiz. “Hay tiempo pa to”, como decía mi abuelo. Me gusta la política, más escribir sobre política que hacerla, pero actualmente (y temporalmente) soy concejal de Podemos del Ayuntamiento de mi pueblo, aunque no he dejado de ejercer como docente que es mi verdadera vocación. Mi vida no va encaminada a los altares políticos, tampoco a los de los laureles literarios. Me conformo con echar unas cervezas con las amistades o pasar un buen día en familia. No hay más.

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