La lucha contra el cambio climático se estanca ante la amenaza de Donald Trump

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Petición colectiva de acción climática a las puertas de la COP22 en Marrakech.
Petición colectiva de acción climática a las puertas de la COP22 en Marrakech.

Raúl Rejón – Marrakech (Marruecos) | El Diario | 19/11/2016

“Hay que bloquearlo, hay que bloquearlo”, exclamaba la que fuera directora de la Oficina Epañola de Cambio Climático, Teresa Ribera, en el día que empezaban las conversaciones políticas de la Cumbre del Clima en Marrakech. Se refería al presidente electo de EE UU, Donald Trump. Sin haber hablado durante el encuentro, su figura negacionista ha sobrevolado la COP22 cuyo acuerdo final insta, básicamente, a seguir trabajando. La cumbre “de la acción” contra el cambio climático sale de Marruecos al ralentí.

La elección de Trump cayó como una bomba en la conferencia que había arrancado el 7 de noviembre. Había dicho que el cambio climático era un “invento chino”. Y que pensaba dejar de “meter dinero en el bolsillo” de  Así que muchas de las fuerzas se han gastado tratando de minimizar los daños que, presumiblemente, podía inflingir la llegada de un confeso negacionista. La declaración política acordada por la COP la noche del jueves comienza diciendo: “Afirmamos nuestro compromiso para implementar [el acuerdo de París] completamente”.

La decisión: trabajar para que en 2018 todo esté listo

La Conferencia de Marrakech no desdice lo acordado en la capital francesa hace un año. Tampoco acelera y se lleva las decisiones importantes a dentro de dos años. Pide a los diferentes grupos de trabajo que aviven su programa para la implementación del Acuerdo de París de manera que esté preparado en 2018. El año que viene, la siguiente COP debe revisar cómo va esa hoja de ruta. Esto significa pegarse a la letra de París “que es lo que tiene consenso mundial” y no ir más allá, según cuentan desde dentro de las negociaciones.

A partir de entonces se hará un foto de situación del planeta, se comenzarán a poner en marcha los objetivos de cada país y se revisará cómo va la cosa con esos planes nacionales en 2023.

El problema es que existen bastantes evidencias de que los planes voluntarios para reducir emisiones de CO2 planteados por los países bajo e paraguas del Acuerdo de Paris no suman lo suficiente para contener el calentamiento global en 2ºC. Más bien aseguran 3ºC lo que añade mucho combustible al cambio climático que se alimenta de la subida de temperatura del planeta. De hecho, los científicos de la ONU preparan un informe que, se prevé, justifique el límite en 1,5 ºC. Su año de culminación es, de nuevo, 2018.

“Los países ricos tenían la obligación de aumentar su ambición antes de 2020, cuando deben empezar a operar el Acuerdo de París, porque debemos permanecer por debajo de esos 1,5ºC pero esto no ha ocurrido. Y no actuar ahora no es justo”, ha dicho una de las responsables de la ONG Amigos de la Tierra, Meena Raman, tras conocer las intenciones de los países.

Cinturón sanitario

En las jornadas previas, gran parte de los esfuerzos se centraban en aislar el discurso trumpista. El Secretario de Estado norteamericano, John Kerry, subrayaba que “hasta el más escéptico [sobre el cambio climático] deberá admitir en algún momento que algo perturbador está sucediendo”. El presidente francés, François Hollande, advertía que cumplir con el acuerdo climático era de interés para el pueblo de EE UU.

Incluso el llamado “nuevo mejor amigo de Trump”, Rusia, no se ha bajado del tren de París. China también ha contado a sus interlocutores que su plan es seguir adelante. A todo esto, el que será presidente estadounidense a partir de enero de 2017, no ha abierto la boca sobre la cuestión climática. No le ha hecho falta para sobrevolar e infundir temor durante todas las jornadas de trabajo.

La ruta para abandonar la economía del carbono

Uno de los aspectos postiivos que se han observado en Marrakech es el interés de un puñado de países por deshacerse de las fuentes de energía fósiles de manera definitiva. Una “descabornización profunda”. En esa línea, tanto EE UU como Alemania han presentado sus estrategias para 2050. También Canadá, Francia, Perú, Chile y Costa Rica y hasta 47 países países vulnerables que no solo se han comprometido a tener un 100% de energías renovables sino a multiplicar sus compromisos de reducción de emisiones antes de 2020.

España se ha desligado de forma explícita de estas visiones de futuro. El ministro de Energía, Álvaro Nadal, en Marrakech, explicaba la postura del Ejecutivo sobre horizonte sin carbono en la mitad del siglo: “Lo que va a ocurrir en 2020 está claro, en 2030 quedan las cosas por definir y ya llegaremos a 2050”. En contraposición, la que fue embajadora francesa para las negociaciones del Acuerdo de París, Laruence Turbiana, ha subrayado durante esta cumbre que “tener un plan no garantiza jamás el éxito, pero no tener los es la receta para el fracaso”.

Satisfacción oficial. Decepción ecologista

En Marrakech, los enviados del Ministerio de Medio Ambiente estaban contentos con la conferencia en general. “Se ha reforzado el mensaje de que París es un camino sin retorno”, contaban poco antes de terminar de pulir el acuerdo.

Sin embargo, hay visiones menos optimistas como la del eurodiputado de Equo Florent Marcellesi que cuenta que “esperábamos más ambición por parte de la Unión Europea tras la irrupción de Trump si queremos  cumplir el objetivo de 1,5ºC”.

En este sentido, el responsable de Cambio Climático de Ecologistas en Acción, Javier Andaluz se mostraba crítico con la dilatación del proceso: “Posponer la acción climática y el aumento de compromisos de reducción más allá de 2018 supone un enorme riesgo que puede impedir limitar la temperatura global a 1,5ºC”. Pero, en la delegación española, casi a modo de respuesta, señalaban durante la COP: “No todos los años pueden ser París”.

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