A James Dean lo maldijo una vampira y otras leyendas urbanas de película

Héctor Sánchez y David Sánchez, escritor e ilustrador, unen fuerzas en un libro que recopila los bulos más antológicos de la industria cinematográfica, 'Kubrick en la Luna y otras leyendas urbanas del cine' es un recorrido ilustrado por los chismes más raros de películas, actores o directores.

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Portada de “Kubrick en la Luna y otras leyendas urbanas del cine”

Francesc Miró | El Diario | 22/11/2016

En los albores del séptimo arte el cuchicheo era norma. Lo habitual en aquellas sesiones mudas era que el publico gritase, riese a carcajada limpia e insultase a la pantalla como si ésta le fuese a responder. Como retando al arte y al artista. Se suele decir que el público no empezó a callar hasta que no fue la pantalla la que pronunció las palabras. Y ni siquiera entonces.

No obstante, en aquellas sesiones ambulantes y primigenias se encontraba el gen de lo que luego se practicaría a la salida de los cines y coparía portadas en los tabloides amarillistas. La leyenda urbana, el rumor malintencionado y el chisme envenenado existen desde que existe el propio cine. Por eso, el del celuloide es de las artes que más facilidad ha tenido siempre para crear embustes, de los que duran décadas.

El mundo del celuloide ha forjado centenares de leyendas urbanas de las cuales Héctor Sánchez ha seleccionado 33. Cada una está acompañada de una ilustración de David Sánchez, quien ya colaboró con el periodista y escritor en lo que sería el hermano gemelo musical del libro que nos ocupa: Paul está muerto y otras leyendas urbanas del rock, también publicado por Errata Naturae.

Estas son algunas de las más memorables.

James Dean y la maldición vampírica

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Vampira (Maila Nurmi). Ilustración: David Sánchez.

Días antes del accidente de tráfico que acabó con su vida, James Dean bromeaba con que había rodado un anuncio para una campaña de seguridad vial. Él, que se jactaba de su amor por la velocidad, acababa de hacerse un regalo bautizado como Pequeño Bastardo. Un Porsche Spyder 550 al que le gustaba pisar a fondo el acelerador.

Un día, quiso el destino que su bastardo chocase fatalmente con otro automóvil en algún lugar de California. La fama del actor fue suficiente para que la prensa alimentase un rumor que muchos creyeron verídico: había sido maldecido por Maila Nurmi, actriz que había creado el popular personaje de  Vampira.

El bulo surgió porque a Dean le iba el ocultismo y eso bastó para que ambos se viesen en alguna ocasión, pero cuando a él se le preguntó si tenía un affaire con ella el protagonista de Rebelde sin causa contestó que él “no salía con personajes de historieta”.

La prensa, tras su fallecimiento, hizo creer a algunos que Vampira, despechada, le había maldecido. El bulo llegó a tal nivel que, amén de múltiples amenazas, la actriz fue atacada por una fan que le quemó el pelo. El accidente de coche sigue siendo sólo eso. Para la prensa, la maldición pasó entonces a ser la del Pequeño Bastardo cuya historia es de lo más escabrosa.

Disney, la obsesión con el sexo

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Walt Disney. Ilustración: David Sánchez.

Son tantísimas las leyendas que rodean al padre de la animación moderna, entre ellas que nació en Mojácar, que el estudio que lleva su nombre no podía ser menos. Se dice que los animadores de Disney tienen una insistente manía de incluir mensajes subliminales de alta carga erótica en sus películas para niños.

Son memorables el falo del póster de La sirenita, así como la erección del sacerdote que oficia el casamiento del príncipe con Úrsula, o el mensaje en las estrellas que dibuja  un gran SEX en el firmamento de El Rey León. Lo cierto es que las figuras fálicas en realidad eran cúpulas, el pobre sacerdote estaba sobre una caja y lo que sobresalía de él eran las rodillas, y en las estrellas se veía un SFX, acrónimo en inglés que viene a referirse a los “efectos especiales”… ¿No será que a veces vemos lo que queremos ver?

Un enano suicida en El Mago de Oz

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Munchkin de El mago de Oz. Ilustración: David Sánchez.

No es falso, ni mucho menos, que el rodaje de la película que adaptaba el popularísimo cuento de Frank L. Baum estuviese plagado de percances y accidentes. Desde los trajes infernales de Espantapájaros y el Hombre de Hojalata con los que las pasaron canutas Ray Bolger y Jack Haley, hasta quemaduras de tercer grado por culpa de escobas que en lugar de volar, ardían.

Pero es que, además, cuenta la leyenda que un hombre se ahorcó durante el rodaje. Se dice que se suicidó porque le rompió el corazón la mujer que amaba cuando estaba haciendo de  munchkin. Hay quien, en lugar de una sombra en un árbol, lo llega a ver colgado en una de las escenas del film.

Lo cierto es que los enanos que aparecieron en  la película de Victor Fleming no llegaron al plató hasta días después de que se rodase la escena en la que supuestamente aparecía uno ahorcado. Lo que sí que podía aparecer en el set eran pájaros, pues algunos de los animales que el zoo de Los Ángeles había prestado a la película se escapaban con facilidad. Y la calidad de la imagen de un VHS no es que permita discernir demasiado qué es aquella sombra entre los troncos al final del camino de baldosas amarillas.

El pene de Jaime Lee Curtis

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Jamie Lee Curtis. Ilustración: David Sánchez.

Es extendido el rumor de que la hija de Tony Curtis y Janet Leigh nació con órganos sexuales masculinos y femeninos. Supuestamente, la actriz se sometió cuando era joven a una operación para extirparse los genitales masculinos. Si bien a menudo se refieren a esta leyenda como “la actriz hermafrodita”, término que debiera ser sustituido por el de intersexual, lo cierto es que existen diferentes teorías.

Los que defienden que la historia es cierta se escudan en que los padres de la actriz nunca han hecho declaraciones al respecto y que existe una supuesta entrevista a un supuesto doctor que habría operado a la joven y cuyo nombre siempre ha sido un misterio. Pero cierto o no… ¿qué más daría? Su intersexualidad poco tendría que ver con lo enorme que estaba en La noche de Halloween, Entre pillos anda el juego o Un pez llamado Wanda.

La maldición del product placement

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Anuncio de Coca-Cola en Blade runner. Ilustración: David Sánchez.

Otro rodaje con mil y un accidentes fue el de Blade Runner. Amén del infierno particular que llevó a la película a ver la luz casi milagrosamente, aquel filme tuvo de todo: boicot del equipo contra el realizador, peleas de actores y actrices, silencios incómodos, desconfianzas y diferencias creativas que casi llegaron a las manos. Tal vez por el mal ambiente que allí se respiraba salió la obra maestra que la película terminaría siendo.

No obstante, se dice que todas las marcas que se anunciaron en ese futuro lleno de publicidad que imaginó Ridley Scott, sufrieron una grave crisis después de aparecer en la película. Atari vio cómo caían sus ventas en videojuegos, de la misma manera que Nintendo encadenó un lanzamiento fatal tras otro para los números de la compañía. Bell System, cuyas cabinas telefónicas con videoconferencia aparecían en el filme, desapareció apenas un año después del estreno. Hasta Coca-Cola sufrió por haber salido en la película aquel ejemplo clásico de master class de marketing: el fracaso de la New Coke que a punto estuvo de acabar con la marca. ¿Casualidad? Si no hubiesen abusado del product placement

Kubrick dio un pequeño gran paso para el hombre

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Kubrick en la portada del libro. Ilustración: David Sánchez.

La leyenda que capitanea el título del libro de Héctor y David Sánchez es tan celebérrima que tiene hasta una palabra que describe a quienes creen que Neil Armstrong nunca dio el gran paso para la humanidad. Los apoloescépticos esgrimen sus pruebas: fotografías de la hazaña muestran luces que parecen focos, sombras en diferentes direcciones, piedras que se mueven sin que nadie las toque o banderas que ondean donde no existe el aire.

Pero, ¿no serían muchos fallos para atribuir el complot, desmontado una y otra vez por la ciencia, a Stanley Kubrick? El realizador tenía fama de ultraperfeccionista y aspiraba a recrear la realidad como era y no como tenía que ser. Difícil imaginar que el director de proezas artísticas como Barry Lyndon y técnicas como las desplegadas en  2001: odisea del espacio hiciese una chapuza.

Pero ahí está el gran mockumentary Operación Luna o Habitación 237, sobre  la extensa simbología supuestamente oculta que Kubrick dejó patente en El resplandor. Eso sin mencionar libros de referencia en estas lides conspiranoicas como el de Bill Kaysing, Nunca fuimos a la Luna

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