Magdalena León: “En la práctica está contenida la capacidad de transformación”

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Hablamos con Magdalena León, economista feminista y miembro de la red latinoamericana mujeres transformando la economía, sobre feminismo y economía social y solidaria.

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Isidro Jiménez (CC)

Yago Álvarez y Genoveva López | El Salmón Contracorriente | 23 noviembre 2016

Viajamos al II Congreso de Economía Social de Bilbao, en el que ha participado Magdalena León, economista feminista e integrante de la Red Latinoamericana Mujeres Transformando la Economía (REMTE), para hablar con ella sobre el feminismo y su interacción con la economía social y solidaria (ESyS).

León coordina la Secretaría del Consejo Hemisférico del Foro Social Américas y el Grupo Nacional sobre la Deuda en Ecuador. Ha participado activamente en la visión del ‘Buen Vivir’ como paradigma alternativo al ‘de­sa­rro­llo’ y sus implicaciones económicas. En ese contexto trabajó como asesora en el proceso constituyente ecuatoriano y en la definición de políticas públicas y marcos normativos en cuanto a ESyS, trabajo, producción y soberanía financiera.

¿Qué podría aportar la economía feminista a la ESyS? ¿Qué tendría que tener la ESyS para ser feminista?

La ESyS plantea unos principios de partida que son idénticos a los que propone la economía feminista. Ésa es la primera coincidencia. Pero en primer lugar necesitan reconocerse la una a la otra. En la ESyS se dan las condiciones perfectas para valorar y visibilizar los aportes económicos que han hecho las mujeres y que no han sido apreciados hasta ahora. En los últimos años desde el pensamiento y la acción feministas hemos denunciado sistemáticamente la invisibilidad de los cuidados o del trabajo doméstico; es una parte de todo el ámbito de la reproducción, que a veces esconde una parte de la producción. ¿Cuánta invisibilidad pesa sobre aquellas actividades vistas como no económicas? ¿Qué pasa con todas aquellas cuestiones que incluyen no sólo el trabajo de cuidado humano, sino de cuidados más amplio, del ambiente, del entorno? En América Latina hay mucho de generación de condiciones de vida, de estructura, de vivienda, donde hay un trabajo muy importante de las mujeres. También hay mucho de actividades productivas como tal, que en la medida en que están fusionadas con el hogar no se ven, no se contabilizan o se contabilizan a medias.

“Los principios de partida de la Economía Social y Solidaria son idénticos a los de la economía feminista”

También coinciden en la idea y los motivos para los que hacemos economía, ya que las dos se centran en satisfacer necesidades. Volcamos nuestra producción y servicios a atender necesidades sin que sea necesaria la acumulación ni la ganancia, que no está excluida, pero no es su objetivo primordial. Ésa es otra coincidencia, no sólo sobre el ideario, sino sobre los aportes históricos de las mujeres.

En términos de transformación más amplia, las feministas vemos que desde la práctica, desde estas experiencias invisibilizadas, está contenida la posibilidad de transformación, como disputar con el sistema desde prácticas y realidades que existen. Entender que hay un arraigo, unos pedacitos de solidaridad instalados por todas partes, unos pedacitos de atención a la vida que están ahí y tenemos que potenciar, ampliarlos y fortalecernos para ir a por ese gran objetivo común.

Comentas similitudes, pero ¿quedan asignaturas pendientes para lograr una ESyS que sea totalmente feminista?

La ESyS, en la medida en que está dentro de la realidad que la rodea, tiene de lo bueno y de lo malo. Está impregnada de las prácticas patriarcales y machistas que marcan nuestro sistema actual. En la ESyS hay una hegemonía basada en unos objetivos transformadores, pero existen elementos que forman parte del resto de la sociedad dominante y que tienen que ver con las relaciones de género, los patrones patriarcales y machistas, las distorsiones en la toma de decisiones, el poder, el qué se produce y cómo, la división sexual del trabajo… Hablamos del cuidado como algo importante, pero no generamos condiciones para integrarlo. Ahí hay todo un reto.

¿Se está feminizando la economía?

Todos los datos dicen eso. Al menos en América Latina, las experiencias que convergen en ESyS, en economía popular como la llamamos allí, tienen o mayoría o presencia importante de mujeres. Incluso los entornos organizativos tienen ese motor femenino.

¿Qué puede aprender la ESyS española de América Latina?

Quizás algo en términos de flexibilidad. Yo no conozco en profundidad la ESyS española, pero me ha parecido que hay más afán en decir quién no es de la Economía Solidaria que en disputar quién sí lo es. Se han subrayado mucho todos los elementos que tiene que tener una economía solidaria para calificarse como tal. En cambio, en América Latina estamos intentando atraer multitud de formas de la otra economía aunque no cumplan todos los requisitos, porque así nos hacemos más fuertes.

En España hablamos mucho de la economía centrada en la persona, pero tú hablas de economía centrada en la vida.

“La economía centrada en el individuo tiene mucho de occidental y capitalista”

La economía centrada en el individuo tiene mucho de occidental y capitalista: una persona con necesidades, deseos y derechos que tienen que ser atendidos por la sociedad. Ahí se desdibuja la rea­lidad biológica de nuestra interdependencia con la naturaleza. En los años en los que en Ecuador se ha estado discutiendo el tema del Buen Vivir, por ejemplo, nos ha obligado a repensar y redescubrir esta relación con la naturaleza que es co-constitutiva de nuestra propia naturaleza.

Nos hemos desconectado de la noción de que los elementos básicos de la vida están en la naturaleza. Los bolivianos dicen: “La vida humana es la menos importante”, porque la naturaleza no depende de nosotros, pero nosotros sí dependemos de ella. Es otra aproximación a la vida misma. Problemas como el cambio climático nos ponen por delante esa realidad en que la persona no está por encima de nada, no es la unidad representativa de la vida, y que la vida es un ciclo más complejo que nosotros.

¿Cómo se relaciona el concepto del Buen Vivir con las políticas públicas de un país? ¿Influyó en las políticas de Ecuador?

Sí, sin duda. El Buen Vivir es una visión que logró articularse en un momento político muy intenso durante la Asamblea Constituyente de Ecuador, que consistió en fundar nuestro país en torno a un nuevo pacto social constituyente. Un momento particular en el que pudimos plantearnos unos máximos para desbordar que no fueran el desarrollo, el crecimiento o todo lo criticado hasta el momento. Fue una síntesis de varias corrientes y propuestas, como la Constitución boliviana o el pensamiento indígena, que fue fuente de inspiración y nutrió mucho de la visión ecologista, feminista, crítica y propositiva que estaban en ebullición. Es un desplazamiento de visión desde los derechos hacia la vida en el centro, y eso permite reinterpretar los derechos en clave de derecho indisociable de corresponsabilidad.

“El Buen Vivir alude a un equilibro provisional de condiciones que permiten reproducir la vida”

El Buen Vivir no está concebido para las personas, eso es el bienestar. El Buen Vivir alude a un equilibro provisional de condiciones que permiten reproducir la vida. No puede haber Buen Vivir si hay un bienestar depredador, que destruye al otro, excluyente, sino un bienestar de equilibrio donde las condiciones como sociedad deben manejarse para permitir lo mejor posible ahora sin sacrificar lo de mañana.

En la Constitución se reconocen distintas formas de producción, de propiedad y de trabajo. Ese reconocimiento ya es un paso, porque se pasa de una visión donde lo bueno es el mercado y el desarrollo y todo lo demás es informalidad, pobreza, a una visión donde se reconoce que la economía campesina y la economía del cuidado son importantes.

¿Pero cómo se implementa para que vaya no sólo al campo de la protección social, sino también al económico? Los legisladores decían que si reconocemos el trabajo de cuidados tendremos que dar prestaciones sociales a todo el mundo. Les parecía inmanejable y no quisieron avanzar. Encontrar una forma de reconocimiento y de retribución que no esté bajo el modelo salarial y que nos permita transitar hacia otra cosa, saber cuál es el instrumento que nos permite hacer eso aquí y ahora, es complicado. No es tan sencillo dar el salto del Buen Vivir a la política pública.

La izquierda en España ve con preocupación el giro a la derecha de América Latina.

El giro progresista obedeció a una serie de coincidencias de las resistencias a una agenda neoliberal. La campaña contra el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) nos permitió recuperar la economía como un tema social. Esta lucha continental nos reconectó con la economía y nos obligó a pensar en las alternativas. Después fue importante la llegada de personalidades como Hugo Chávez, que han tenido un rol necesario en aquel momento.

En aquel contexto mundial en el que la globalización neoliberal se iba fortaleciendo, nosotros íbamos contracorriente pero con economías muy dependientes, volcadas hacia fuera, exportadoras. Hacer un cambio de verdad en esos términos es complicado. En Ecuador aún más por la dolarización de nuestra economía. Hay demasiados elementos de la realidad global y del sistema económico mundial presionando sobre unos países que han estado buscando fortalecerse con alianzas, integración alternativa, toda una geopolítica que puede llegar lejos con sus propuestas. El problema es que se han dado en una situación política de altísima fragilidad, como en Brasil. Sólo Ecuador y Bolivia tenían un frente político tan robusto que puede hacer frente al neoliberalismo.

Un machista, misógino declarado, ha ganado las elecciones del país más poderoso del mundo.

Por un lado es un problema serio, pero, por otro, contribuye a desvelar realidades de visión cultural y social que están presentes. Nos muestran hasta qué punto eso que parecía de caricatura tiene eco y es una realidad de la sociedad norteamericana.

Pone sobre la mesa que un rasgo de estos tiempos es esta opción deliberada desde la esfera social corporativa para disputar ideológicamente interpretaciones de la economía y de la sociedad. Ahora tenemos como nunca una visión empresarializada de la vida. El modelo empresarial permea a todos los ámbitos y nos da pautas. La empresa pública podría operar bajo los parámetros de las empresas de la ESyS, pero opera bajo las pautas de la empresa privada. Esa empresa privada tiene recursos para llegar a los de abajo y convencerles de que sean empresarios, de que tienen los mismos intereses. El formateo ideológico empresarial es terrible, ha permeado el lenguaje y todo se enfoca desde el negocio.

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