Muere Marcos Ana, poeta comunista y el preso que más tiempo pasó en las cárceles franquistas

Fue encarcelado en 1939 y condenado a muerte cuando solo tenía 18 años. Pasó 23 años en prisión, donde empezó a escribir sus poemas.

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eldiarioes cultura24/11/2016

Marcos Ana, poeta y comunista convencido, ha fallecido a los 96 años en Madrid. Fue el preso que pasó más tiempo en una cárcel franquista. Sufrió torturas en prisión, donde estuvo recluido durante 23 años, desde que tenía solo 18 hasta que, gracias a la entonces recién fundada Amnistía Internacional, fue liberado a los 41. Pero todavía tuvo tiempo para seguir luchando por sus ideas.

Su nombre real era Fernando Macarro. Nacido en Salamanca en 1921, se alistó en el bando republicano cuando estalló la Guerra Civil, después de tener que recoger el cadáver de su padre de entre los escombros de una casa destruida por la contienda. Durante la batalla se afilió al Partido Comunista. En 1939 fue detenido en Alicante por el bando franquista y condenado a muerte acusado del asesinato de tres personas.

Pasó por varias cárceles y compartió cautiverio con escritores como Antonio Buero Vallejo. Comenzó a aficionarse a la lectura con algunos libros que circulaban por el penal, clásicos españoles autorizados como Quevedo o Lope de Vega. Pero también logró hacerse con los versos prohibidos de Miguel Hernández, poeta encarcelado por el franquismo y que acabaría muriendo en prisión, o Federico García Lorca, fusilado por el bando golpista.

Tras años de cautiverio, comienza escribir. A los 33 años redactó su primer poema y adoptó como seudónimo los nombres de sus padres, Marcos y Ana. Sus versos logran traspasar, escondidos, los barrotes de la cárcel y se convierten en un símbolo de la lucha contra la dictadura.

Uno de ellos, titulado Decidme cómo es un árbol, dio nombre a sus memorias, cuyos derechos adquirió Pedro Almodóvar. El poema habla de la soledad, de la vida en prisión, del aislamiento, de la represión. De cómo, tras tanto tiempo entre rejas, había olvidado la vida.

Decidme cómo es un árbol,
contadme el canto de un río
cuando se cubre de pájaros,
habladme del mar,
habladme del olor ancho del campo
de las estrellas, del aire.

Recitadme un horizonte sin cerradura
y sin llave como la choza de un pobre,
decidme cómo es el beso de una mujer,
dadme el nombre del amor
no lo recuerdo.

¿Aún las noches se perfuman de enamorados
tiemblos de pasión bajo la luna
o solo queda esta fosa,
la luz de una cerradura
y la canción de mi rosa?

22 años, ya olvidé
la dimensión de las cosas,
su olor, su aroma,
escribo a tientas el mar,
el campo, el bosque, digo bosque
y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos
que los años me olvidaron.

No puedo seguir:
escucho los pasos del funcionario.

Una campaña de Amnistía por su liberación consiguió que el régimen firmara un decreto para excarcelar a aquellos presos que llevaran más de 20 años ininterrumpidos en prisión: solo él cumplía estos requisitos. Abandonó su celda en el penal de Burgos en 1962. “Nacer a los 41 es algo muy serio”, contaba. Y desde entonces no dejó de luchar por la libertad.

En octubre de 2015, eldiario.es entrevistó al poeta y militante comunista, en una conversación en la que analizaba la situación de la izquierda y reflexionaba sobre la vida, la poesía, el amor y el activismo: “Nunca he querido venganza. La única venganza que quiero es que triunfen nuestras ideas”.

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1 Comentario

  1. Marcos y Rita. Marcos, con 16 años y en medio de una Guerra Civil. Rita, con 68 y en medio de una Guerra Civil. La guerra en la que Marcos mató, fue una insurrección armada; el ejército contra el pueblo. La de Rita es otra guerra; la del poder financiero contra el pueblo. Marcos mató en la guerra; tenía 16 años; y bien que pagó por ello con su libertad; la de su cuerpo, porque el alma del poeta siempre es libre. Rita murió en la guerra que ella misma buscó; con medio siglo bien pasado a sus gruesas espaldas; la mató el “fuego amigo”, con la imprescindible colaboración de su propia soberbia; murió antes de ser levantado su manto de impunidad. Marcos y Rita. Marcos pagó por sus 16 años; Rita nos hizo pagar a todos por nuestros sueños de libertad. Marcos luchó por sus sueños; Rita luchó contra los nuestros. Rita, como Marcos, tenía derecho a la Presunción de Inocencia; la misma que se negó a Marcos. Presunción de Inocencia, la de Rita, vulnerada por “los suyos”, que no dudan en sacrificar nuestros derechos –también los de “los suyos”- en la pira de la corrupción y la infamia, acólitos del Dios Mercado y sus ídolos dorados. Presunción de Inocencia, la de Marcos, aplastada por un Tribunal militar y golpista; el Tribunal que amparaba a gentes como Rita. No, la muerte no iguala a Marcos y Rita. Son iguales en Derechos; mejor dicho, lo deberían haber sido ambos en vida; Marcos luchaba por ello; Rita, contra ello. Porque la igualdad nada tiene que ver con el Honor. La Dignidad (goce pacífico y efectivo de los Derechos humanos) no es el Honor (Derecho Humano). En el campo del Honor, cada uno tiene –o debería tener- el que se merece. En el de la Dignidad, todos deberíamos tenerla por igual, pues todos deberíamos gozar por igual de los Derechos Humanos. Al fin algo que iguala a Marcos y Rita: ambos vieron vulnerados sus Derechos. A los que claman por la Presunción de Inocencia que, ciertamente, le fue negada a Rita, les digo ¿dónde están vuestras quejas cuando los Derechos vulnerados no son de los vuestros? Porque aquí, en la infamia, todos niegan los Derechos Humanos. Todos los niegan al “otro”. DERECHO PENAL DEL ENEMIGO. Dos bandos; Rita y Marcos; enemigos, sin derechos. Iguales, por fin.

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