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El príncipe fracasado

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Global Project | Diagonal | 06/12/16

“No hay mejor fortaleza que el no ser odiado por el pueblo, porque si el pueblo aborrece al príncipe, no lo salvarán todas las fortalezas que posea (…) pero censuraré a todo aquel que, confiando en las fortalezas, tenga en poco el ser odiado por el pueblo”.

Nicolás de Maquiavelo – El Príncipe

Hay cifras a las que es difícil no dar crédito: la victoria del ‘no’ en el referéndum constitucional, que ha aplastado con un impresionante 59,1% al ‘sí’ (41,9%) no admite discusión. El engaño de los datos inflados ad hoc o incluso manipulados, como en el caso del Ministerio de Trabajo en septiembre pasado con las cifras de empleo y crecimiento, no son posibles cuando el país se divide con arreglo a una línea de demarcación precisa. El referéndum ha dividido de hecho a la ciudadanía, aunque no de forma quirúrgica, dada la heterogeneidad del frente de rechazo a la reforma constitucional (y, en menor medida, también del frente del ‘sí’).

El resultado de la noche del domingo refleja una posición que, como siempre se ha dicho, comprende pero va más allá de la cuestión jurídica de la Constitución de 1948. Ayer fue rechazado un concepto de sistema neoliberal que ya se ha encargado materialmente de destrozar a hachazos el conjunto de garantías y derechos sociales conquistados durante el siglo pasado, y que pretendía avanzar en esta dirección mediante la formalización de los procedimientos y normas para acelerar estos cambios.

En pocas palabras, se ha impedido que Renzi hiciera las instituciones aún más autoritarias y centralizadas, en conformidad con su pretensión de convertirse en un “príncipe” contemporáneo. No podemos dejar de mencionar también la construcción de un clima de terror mediático que la prensa, las instituciones financieras, los líderes políticos y las personalidades del mundo del espectáculo han contribuido a formar en las últimas semanas con el objetivo de mantener las opciones de Renzi.

Los datos sobre la participación, también en este caso, son claros y muestran un claro aumento de la participación, en contraposición con lo ocurrido en las últimas elecciones europeas, generales y municipales. Esto es un síntoma no sólo de la centralidad de las cuestiones del referéndum, sino también de las ganas difusas de expresarse sobre los resultados de todo el ciclo político renziano y del Partido Democrático.

Después de todo, una cosa está clara: el voto del domingo ha supuesto un terremoto para las cúpulas del poder económico y político en Europa, que auspiciaban la ruptura por arriba para que el poder ejecutivo se convierta en un mero elemento de compatibilidad entre las decisiones de la Troika y los ciudadanos.

En un primer análisis, se advierte el corte transversal de la sociedad, que el domingo ha identificado todo esto con su voto, politizando sin lugar a dudas lo que está en juego. A pesar de que es muy difícil definir los temas en cuestión solamente a través de la lente de la clase o del grupo de edad, podemos aventurar una primera lectura al respecto.

Aunque es cierto que cuanto menor es la edad de los votantes –sobre todo para los grupos de edad más jóvenes (18-35 años)– menor arraigo ha tenido la retórica renziana, al mismo tiempo no podemos subestimar la convergencia con sujetos transversales con respecto a la fuerza de trabajo contemporánea, que ha afectado a personas de diferentes orígenes demográficos.

La deslegitimación de Renzi ha sido sancionada en las urnas por aquellas personas que han tenido una experiencia igual a cero de las garantías constitucionales y legales que corresponden a un mundo laboral pretérito y no a ellas (estudiantes, autónomos, precarios del sector servicios, trabajadores ocasionales sin contrato, remunerados con la fórmula de los llamados voucher [tipo de trabajo temporal para extranjeros que no da derecho a obtener permiso de residencia]) y por aquellas que sí tienen esas garantías, pero que han visto cómo este tipo de protecciones se desmoronan poco a poco.

Un factor reúne a ambos sujetos: el hecho de que sus expectativas de futuro son nebulosas, oscurecidas por la tendencia constante a vivir un empeoramiento de sus condiciones de vida.

Un futuro negro que amenaza constantemente las vidas de la mayoría de los ciudadanos italianos (y europeos, degradando su presente, aplastado por el peso del currículum que se ha de aumentar a través de prácticas no remuneradas, de la necesidad de experiencia laboral, de encontrar un empleo antes de que por el despido por motivos económicos se enfrenten a la pérdida del que aún tienen; un presente cancelado y envenenado por las grandes obras e infraestructuras innecesarias que contaminan el medio ambiente, destruyen la naturaleza, y empobrecen comunidades a costa de las ganancias de unos pocos.

Geográficamente hablando, el ‘no’ ha registrado una victoria aplastante sobre todo en el Sur y en los territorios donde las luchas sociales han tenido una relación de enfrentamiento directo con el gobierno central, donde las contradicciones contemporáneas se han hecho más evidentes. Desde el Valle de Susa hasta Nápoles, los que sufren atropellos militares, los que sufren la intervención de sus presupuestos sociales y los empobrecidos han presentado su factura al gobierno.

Los partidarios del ‘sí’, sin embargo, se han reducido a ser un grupo de ejecutivos y cuadros del partido, leales al voto al Partido Democrático, junto a quienes en el mundo del trabajo pueden disfrutar de los privilegios porque son gerentes y / o empleadores, o los que creen (y esperan) salir ganadores en la selva de la meritocracia y la competitividad en el mercado. En el territorio nacional, el ‘sí’ continúa apoyándose en las plazas fuertes históricas del hilo rojo del PCI-DS-PD, como la Toscana y Emilia Romagna, aunque haya comenzado el desmoronamiento algunas fortalezas históricas.

“Yo soy el que pierde, no vosotros” dice el primer ministro, convencido. El intento de volver a utilizar in extremis el personalismo esconde la voluntad de reciclar el Partido Democrático, el trabajo del gobierno y el legado político de estos dos años y medio. Por el contrario, se debe declarar enfáticamente que la derrota es de todo el proyecto y la propuesta del Partido Democrático: Renzi y su partido han perdido la batalla para recuperar un capital de consentimiento político, con el pueblo, frente a su izquierda, con gran parte de su derecha y frente a Europa.

Sus incursiones en los grandes salones europeos para una mayor flexibilidad en las cuentas públicas deberían haber supuesto un nuevo impulso hacia un resultado favorable del referéndum. Las promesas obtenidas con la Ley de equilibrio presupuestario tenían un único objetivo: acelerar las reformas estructurales en el país (léase las restricciones de derechos) y la remodelación de todo el sistema bancario nacional.

Renzi anunció su dimisión inmediatamente después de asumir que había perdido. Las consecuencias de la renuncia siguen siendo inciertas, sin descartar el posible recurso al propio Renzi en aras de la estabilidad nacional frente a los ataques de los mercados financieros, o cualquier gobierno de transición hasta el año 2018 –lo que confirmaría la tradición italiana de evitar las elecciones a través de una decisión autoritaria del Presidente de la República– para impedir la superposición entre dos leyes electorales.

En ambos casos, permanecen abiertas algunas posibilidades para el Partido Demócrata de capitalizar sus votos a favor del ‘sí’, tratando de sacar partido del miedo a un desplazamiento a la derecha y a la pérdida de la estabilidad financiera. Una posibilidad útil no sólo para recibir un respaldo enérgico de Europa, sino también para controlar a sus rivales internos. Mientras tanto, el mercado de la esquizofrenia ya ha llevado durante la noche al euro a su nivel más bajo en los últimos veinte meses sin siquiera esperar a la apertura de las cotizaciones, aunque por la mañana ya había recuperado sus niveles previos.

Por otra parte, es evidente que el suspenso al gobierno del Partido Democrático se produce por la acción de diferentes fuerzas. Nunca estuvo justificado por razones tácticas, y mucho menos ahora, el aplazamiento de la profundización de las diferencias entre aquellos que han optado por votar por el ‘no’. No se puede permitir que el carro de los advenedizos, en el que todos se afanan en proclamarse los vencedores morales y políticos del referéndum, se dedique a recorrerse el suelo patrio apropiándose e instrumentalizando indebidamente el rechazo del gobierno.

Lo que pretenden la Liga Norte de Salvini y el Movimiento 5 Estrellas de Grillo es la alternancia de gobierno apoyándose en los cuerpos y las pasiones tristes de la peor xenofobia, el cierre identitario, el retorno a un pasado mítico que garantiza la estabilidad. A pesar de los cantos al ‘Italexit’ y al cierre de las fronteras (como si ahora fueran altamente permeables), vimos después de la elección de Trump y del propio Brexit que las oligarquías financieras se adaptan bien a la “deriva populista y autoritaria” y que las bolsas siguen respirando sin dificultad.

La construcción de la alternativa, sin embargo, nos habla de otra cosa, tiene un objetivo completamente distinto, y nos ha hablado en los meses de campaña dentro de los comités de base, de barrio, en las escuelas, en las universidades, en los espacios de vida de la ciudad, y se hizo notar como un estallido contra el último cónclave de la Leopolda de Renzi, así como el pasado 27 de noviembre en Roma [manifestación de miles de personas contra la reforma]

Sólo abriendo este otro camino, que trata de contenidos específicos que no son los del statu quo y los de la revisión de la Constitución, se puede evitar la retórica generalista empleada por la derecha y dar vida a las agendas de los movimientos. Por supuesto, es una tarea difícil que sólo acaba de comenzar, pero aún así ha construido una legitimidad que facilita las condiciones para que se den espacios reales de movimiento fuera de la retórica nostálgica.

La clave del asunto se encuentra aquí: ¿Pueden las disputas específicas y alternativas practicadas por los movimientos territoriales encarnarse con potencia en los cuerpos que salen a la calle? ¿Podemos mantener viva la convergencia más allá una vez pasado el referéndum y contra el retorno de las las políticas neoliberales y el aprovechamiento del voto del pasado domingo por parte de la derecha? La expansión de este deseo debe ocupar todos los espacios políticos que se abren gracias al trabajo realizado anteriormente, ampliarlos, potenciarlos, hacerlos multitudinarios.

Tenemos ante nosotros la oportunidad de mandar una fuerte señal de ruptura con el orden neoliberal europeo, que sufre un nuevo golpe tras estos resultados, para afirmar desde abajo y radicalmente una nueva constitución material, que ha de nacer del conflicto, en el nombre los derechos sociales, de un estado del bienestar universal, la libertad frente a la esclavitud del trabajo, la ciudadanía para todos y la libertad de movimiento. Una tarea de enormes proporciones que no se puede aparcar en estos momentos cruciales cuando la oposición parlamentaria está atribuyéndose los resultados del referéndum.

Las fortalezas de las distintas Leopoldas, de las la cenas de gala con Obama, los apretones de manos con Marchionne y con la patronal Confindustria no son indestructibles: más tarde o más temprano se le pueden abrir brechas. Los muchos siempre saben cuando son oprimidos y subyugados, y la única manera de evitar su indignación es no ser odiado por ellos. Porque desde tiempos antiguos se sabe que un príncipe sin consenso que no puede recorrer a otra cosa que su autoridad es un enemigo fácil de eliminar.

Editorial de Global Project traducido por Diagonal.

Un Comentario

  1. razixtapanod
    razixtapanod Diciembre 7, 2016

    Lo que no entiendo es que exista un 41.9% de ignorantes y descerebrados esten de acuerdo con una reforma la cual es una piedra en el cuello para Italia

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