Un par de apuntes sobre el vídeo del ‘perdón’

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Ni me van ni me vienen todos estos líos que tan poco tienen que ver con la política. Porque no nos confundamos ni permitamos que nos confundan: la lucha desaforada por el poder; los personalismos obsesivos; la defensa del pesebre, las gansadas, y todas esas otras actitudes que, desde envenenados púlpitos mediáticos, algunos insisten en relacionar con la ‘madurez realista’ en el honorable ejercicio de la administración de lo público y la defensa de las ideas, puede que sea cualquier otra cosa, pero no es política aunque bajase un dios a asegurarlo, y mal que les pese a los que intentan imponer su podrida perspectiva como la única existente.

Lo que está ocurriendo en los de Zurita 21 parece fruto del contagio de esta deformación de la realidad que comento. Y es que de un tiempo a esta parte, por si no había suficiente con los vaivenes mostrados desde junio de 2014, es como si ahora en Podemos hubieran abierto la temporada infantil. Y la guinda la ha puesto un vídeo sensiblero y vacío que se parece muy poco a lo que algunos les pedíamos hace ya mucho tiempo más allá de una disculpa: definición.

Con todo el respeto que me merece esta señora que protagoniza el contenido del vídeo de Iglesias, personalmente, aunque su discurso me resulte tan entrañable como a cualquiera, me sobra la utilización que se ha hecho de su opinión como si de un debate de fondo se tratara. Porque para escuchar que hay que buscar consensos y que todos nos tenemos que querer más ya tengo a una abuelita en casa: mi madre. Pero ya puestos a utilizar a ancianos para enfocar los debates, en lugar de a la señora del vídeo o a mi propia madre, mejor podríamos recuperar las reflexiones de Sampedro, García Rúa, o las del propio Anguita –que ya empieza a tener una edad–, que no suenan tan entrañables ni tan ‘maternales’, y que como mínimo, con sus muchas diferencias y estemos más o menos de acuerdo con cada una de ellas, hablan de perder el miedo –también a romper lazos–. Y ya puestos, si puede ser, sin musiquita melancólica de acompañamiento, sin poner caras de corderito degollado, y sin el famoso gesto de la mano en el pecho, que de tanto repetirlo ahora ya empieza a resultar forzado.

Creo que, más allá del puñado habitual de incondicionales genéticos (de esos que hay en todos los partidos), esta sugerencia puede ser compartida por muchos votantes y exvotantes de este Podemos, y también por potenciales votantes de un Podemos que no se parezca en nada a este.

O desde las élites del partido no han entendido nada (y no son precisamente cortos de entendederas), o se está jugando a ellos sabrán qué. Pero la desafección crece exponencialmente –solo hay que comparar el alcance que logran las noticias sobre la formación en RR. SS. en este momento con las mismas cifras de hace dos años para entender su magnitud–. Y es que no hace falta un máster para entender que no basta con no ser íntegramente corruptos (en un país en el que gobierna el partido más corrupto de Europa) y transparentes en las cuentas, que en la práctica es ahora mismo lo único que diferencia a Podemos del resto de partidos, para convertirse en alternativa de gobierno. Y que en una sociedad sometida por décadas al engaño, la manipulación, la cobardía política y el ombliguismo, a los que no transigimos con ese escenario no se nos convence con cuatro gestos y políticas que no pasan de anécdota, en muchos casos innecesaria, sino con la certidumbre que procura la solidez ideológica y de proyectos. Y esto vale para cualquier ideología (lo mismo para Le Pen que para Lenin).

Y no, no se trata de que la sociedad desafecta pida ángeles o idealistas. En realidad es casi todo lo contrario, porque tanta bonhomía huele a impostura. Bastaría con gente consecuente y firme, con defectos y atada a las circunstancias –y a sus incoherencias forzadas– pero capaz de reconocer lo justo (o simplemente su idea de justicia), nombrarlo aunque no pueda cumplir sus propios preceptos, y eso sí: luchar sin fisuras por ello hasta donde se pueda, sin renunciar de entrada a nada.

Personalmente, a mí –y creo que a otra mucha gente–, a nivel votante (otra cosa es a nivel sentimental), me importa entre poco y menos cómo se llevan entre ellos, que es lo mismo que me importan sus culebrones en la lucha por los cargos. Tampoco me importa nada, si no puede ser vinculante, qué es lo que propone a nivel programático tal o cual facción, si es que alguna propone algo a nivel político y no solo organizativo. Lo único que quiero conocer es qué propuesta socioeconómica, de participación social (en las decisiones políticas a nivel del Estado) y de modelo de país tiene finalmente Unidos Podemos, con la actual dirección o sin unos u otros, para hacerme una idea de si debo o no apostar por su programa (porque lo verdaderamente importante es el programa y no tanto las personas). Porque si algún día acaban por definirse y el resultante se parece en algo a lo actual, ya no contarán con mi voto, porque ya no sería válido, cuantitativamente, ni como voto útil. O se sale a ganar (y eso a medio plazo es imposible sin una voluntad rompedora y no reformista), o ni vale la pena intentarlo. O ilusionas o desapareces. No hay más.

Para ciertos viajes no hacen falta alforjas. Y para el viaje que algunos proponen en Podemos ya teníamos a una IU que también pactaba con el PSOE, también compadreaba con el enemigo en el Parlamento, y también se destripaba de puertas adentro. Con una disculpa: aunque siempre es insuficiente, se implicaba más de lo que algunos imaginan en el apoyo a los movimientos sociales.

Si lo que sale de Vistalegre II es este mismo partido con miedo al qué dirán, o uno todavía peor, que intente ser un PSOE 2.0 o una IU rediviva, sin deudas, pero con sus mismos complejos y servidumbres, apañados van (y apañados vamos). Pero si lo que nace en ese congreso, con o sin purga de antagonistas (parece mentira que haya quien con tanto flower power contemporáneo no sepa que esta es la única forma de “enderezar tuertos”) es un nuevo partido unido, con las ideas claras, valiente y decidido, todavía estaremos a tiempo de aprovechar la mejor herramienta inmediata para intentar transformar el negro futuro de este país.

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4 Comentarios

  1. Por ir a lo concreto: Te compro la claridad de proyectos.

    En cuanto a la ideología vengo a anunciar la buena nueva, la ideología está muerta.
    La ideología murió desprendiendo los fétidos olores que le inocularon por ambos lados.
    Lo siento por los que le tenían fuere apego.

  2. Estimado Paco, en primer lugar disculpa de que mi comentario lo copie arriba y abajo, pero no se diferenciar para que es un espacio y el otro…así me curo en salud con el mismo esfuerzo.

    Admiro tu labor entusiasmo y entrega…a su vez comparto tus inquietudes y preocupación, en particular cuando en tu “acalorado” artículo dices: “O desde las élites del partido no han entendido nada (y no son precisamente cortos de entendederas), o se está jugando a ellos sabrán qué. Pero la desafección crece exponencialmente……..”…pienso que si entienden, pero los egos se yuxtaponen a sus ideas y así el discernimiento y al empatía pasan a un segundo plano, dando paso a la torpeza….lo peor…LO GRAVÍSIMO… es que la repercusión de todo ello vista la radiografía sociopolítica que nos recuerdas:……” Pero la desafección crece exponencialmente…” parece que como decía el recientemente fallecido y admirado poeta comunista (¡ NO MILITANTE!) Marcos Ana: “El problema de nuestra época es que hay hombres que no prefieren ser útiles, sino importantes”

    Un fuerte abrazo a quienes todo esto no les resulta indiferente.

    Iulen Lizaso

  3. Buenas noches Paco.
    En todo deacuerdo menos en lo de la “solidez ideológica”. Miedo me da esa vuelta de tuerca hacia las ideologías de libro, tan perfectas y definidas. Se podría poner solidez espiritual (dese jesus a Mahoma)y sonaría igual de mal. Muy mal vamos si tenemos que tirar de la Biblia o el Coran para orientarnos. Si los referentes desde donde hay que moverse son el manifiesto comunidta y el mein kanf. De unos mapas tan deformados no puede esperarse clarividencia alguna.
    Un saludo.

    • Es verdad que no lo he expresado con claridad, pero no va en la línea de lo que bien apuntas. Me refiero en realidad a tener claros los objetivos que defiendes, qué valores te guían (aunque estos sí estén casi todos enmarcados en la ideología de izquierdas).

      Un saludo.

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