El machonazismo mundial se arranca el bozal. Resuenan sus tambores del Apocalipsis

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Lydia Zárate | La que Arde | 16/11/2016

“¡Que alguien le avise al presidente Obama que nos están persiguiendo!”, comentó en redes sociales un homosexual nigeriano avecindado en Londres ante la persecución de homosexuales en Uganda, mientras yo quedaba estupefacta. ¡¿Al presidente Obama?! pues ¿en qué mundo vive este hombre?, me pregunté… ¡Ya entendí!, me respondí cuando ubiqué a uno de los principales responsables de tan aberrante confusión: Hollywood, la máquina propagandística más poderosa del mundo, lleva décadas diseminando masivamente la ficción de que los hombres norteamericanos son los salvadores del mundo, y de que la amenaza apocalíptica de la que nos salvarán podría llegar a manos de una horda de dinosaurios furibundos, o de un meteorito descomunal, o del comunismo, o de los musulmanes, o de un chícharo asesino, da igual, lo importante es que contribuya a invisibilizar en el imaginario colectivo al verdadero monstruo apocalíptico, al más temible depredador que ha conocido nuestro planeta: el hombre blanco.

Poco o nada sabía este hombre de la pesadilla que han enfrentado y siguen enfrentando en Estados Unidos (y en todo el mundo como resultado de las invasiones terroristas de este país) millones de personas como Rosa Estela Olvera o Brandon Teena, quizás porque lo único a lo que ha tenido acceso es a la propaganda chatarra de Hollywood, que lleva décadas promoviendo la ficción de que Estados Unidos, promotor del odio y la crueldad entre seres humanos por antonomasia, autor de varios de los más atroces genocidios en el planeta, es en realidad el defensor de la humanidad.

Del mismo modo ha operado históricamente para convencer a millones de mujeres de que el matrimonio heterosexual representa para ellas un paraíso vitalicio de amor y seguridad, invisibilizando así el gran riesgo que corren de ser violentadas, e incluso asesinadas por sus parejas o ex parejas en un país profundamente machista donde, además, el derecho a matar ha sido históricamente el más sagrado.

De acuerdo con cifras reportadas por el Huffington Post, por poner un ejemplo, los principales asesinos de mujeres en Estados Unidos son los hombres que duermen junto a ellas y 11,766 mujeres fueron asesinadas por sus parejas hombres entre 2001 y 2012, cifra que dobla a la cantidad de soldados estadounidenses muertos en Irak y Afganistán- 6488- en el mismo período de tiempo.

“Muchas mujeres subestiman el riesgo que corren, o lo pasan por alto”, declaró sobre este fenómeno Jacquelyn Campbell, investigadora de la Universidad Johns Hopkins para el artículo Ésta no es una historia de amor: El letal problema de la violencia doméstica en Estados Unidos” del Huffington Post. Así como muchos incautos viven en la creencia de que el Presidente de Estados Unidos, representante en turno del régimen terrorista más peligroso del mundo, es el mesías de la paz mundial, muchas mujeres de ese país (como de muchos otros) ignoran que corren más riesgo de ser asesinadas por su “príncipe azul” que por un extraño.

¿Cuánto habrá contribuido a perpetuar este estado de indefensión la farsa edulcorada de las comedias románticas de Hollywood?

Muy probablemente fue en ese sentido que surgió la sorpresa de una parte de la comunidad mundial ante la imposición del último machonazi (representante de la religión universal del supremacismo macho) blanco en la presidencia de este país. Porque Donald Trump no es más racista, misógino y peligroso para la humanidad que sus predecesores: la variante es que es más franco que ellos en su afán de odio y destrucción.

Este machonazi no es un fenómeno aislado, ni es obra de la generación espontánea: es un fiel representante del régimen norteamericano, que lleva siglos sembrando impunemente el terror y la destrucción en el planeta entero, al son de la ambición desmedida que lo sostiene.

Donald Trump no es un demente aislado que -¡oh, insólita sorpresa!- de pronto consiguió asumir el liderazgo del régimen más peligroso del mundo: este machonazi representa la voluntad de un sistema conformado por millones de estadounidenses de todos los estratos sociales que abrazan y aplauden su política del odio y la barbarie: la misma con base en la cual sus antecesores exterminaron con saña a los pueblos originarios de norteamérica para arrebatarles sus tierras (como lo hicieron sus pares españoles en toda América Latina) y comerciaron durante siglos con personas negras como con animales, para después convertirlos en sus esclavxs y en sus objetos del sadismo y el horror (como lo han hecho sus pares blancos alrededor del mundo). La pregunta es ¿cuántas superproducciones de Hollywood han inundado los cines del mundo para exponer y condenar estos Holocaustos, por mucho superiores al nazi?

Donald Trump está ahí porque así conviene a los intereses del sistema que lo creó, responsable en un altísimo grado del sufrimiento, el hambre y la destrucción moral y física del planeta. Este depredador representa a una mayoría profundamente ignorante y frívola, a una masa manipulable y acrítica que hace la suma de sus días ingiriendo indiscriminadamente la chatarra que les embute el régimen a través de su avasallante industria del entretenimiento (Óscares y fútbol americano incluidos) y de su embotante cultura del consumo voraz (iPhones, Big Macs y drogas incluidas).

Ese mismo sistema ha obligado a millones de mujeres a convertirse en objetos para el uso y consumo de los hombres, y ha hecho creer a millones de hombres y mujeres blancxs que son superiores al resto del mundo, lo cual, por supuesto, les da el derecho a humillar y/o esclavizar a ese resto desde la burbuja de plástico en que vegetan mientras comen hamburguesas de Mcdonalds y beben café de Starbucks. 

Se llama machonazismo blanco y ha sido históricamente la religión de la cultura norteamericana, entre muchas otras. Donald Trump solamente vino a descorrer el velo de la simulación, a hacer evidente lo que siempre ha estado ahí, a devolverle a las ansias misóginas, racistas y homofóbicas de millones de estadounidenses un pedazo de la libertad sin límites que durante siglos les permitió abusar más abiertamente de negrxs y mujeres bajo el amparo de leyes hechas por ellos y para ellos.

“Fuck political correctness! (¡A la mierda lo políticamente correcto!)” vocifera entre espasmos de éxtasis un fanático machonazi en el siguiente video, a la par de otrxs que espetan “¡Construye el muro! ¡Jódete a esos malditos frijoleros! ¡Que se joda el Islam! ¡Maldito negro! (refiriéndose a Barack Obama) ¡Regresen a esos bastardos! (refiriéndose a lxs mexicanxs). ¡No puedes hablar de América (sic) si apoyas a los musulmanes! ¡Inmigrantes e ignorancia vienen juntos! ¡Si no hablas inglés, lárgate! ¡Hillary es una zorra! ¡Cuelguen a la zorra! ¡Mátenla!”, flanqueados por uno más políticamente correcto que asegura: “Pienso que él es la última oportunidad que tenemos para se imponga la ley y el orden, y preservar la cultura en la que yo crecí”. Todo bajo el lema “Make America (sic) great again” ¡Que América (sic) vuelva a ser grande!

Esta cultura, gemela del nazismo, tan llorado y “condenado” por la industria cinematográfica norteamericana, lleva siglos manipulando percepciones y edificando su poderío del latrocinio y el despojo de los pueblos no-blancos del mundo a través de sus maquinarias terroristas: la armamentista y la sicológica.  

Como dijo Montserrat Pérez en La-Crítica:

¿Qué no es el mismo país en el que las sufragistas blancas dijeron que preferían cortarse un brazo antes de que un negro votara antes que una mujer (lo dijo Susan B. Anthony)? ¿No es el país en el que tuvo que surgir un movimiento que se llama #BlackLivesMatter (las vidas negras importan) porque la policía está matando a personas de color a diestra y siniestra? ¿No es el país en el que durante el mandato de Barack Obama se deportaron 2.4 millones de personas (entre ellas niñas y niños)? ¿No fueron responsables de entrenar a los torturadores durante las dictaduras latinoamericanas? ¿No es el mismo país en el que le dieron una sentencia de 6 meses (que se redujo a 3) a Brock Turner, quien fue encontrado en el acto de violar a una mujer en la Universidad de Stanford?”

Parecería evidente que pocxs sospechan el infierno histórico en el que sienta sus bases esta pesadilla. En otras palabras, el susto lo entiendo, pero…¿la sorpresa?

Esto también deja entrever que mucha gente cree que el machonazismo, además de recién llegado, es exclusivo del régimen vecino… ¡Uy, qué miedo, un misógino, racista, clasista y pendejo en la presidencia de Estados Unidos!

Vicente Fox, machonazi ex presidente de México
Felipe Calderón, machonazi ex presidente de México
Enrique Peña Nieto, machonazi actual presidente de México

El machonazismo mundial se quita el bozal. Resuenan sus tambores del Apocalipsis

El machonazismo ha reinado históricamente en Estados Unidos. Y en México. Y en el mundo. Y en las religiones. Y en los hospitales. Y en las escuelas. Y en las universidades. Y en el sistema de salud. Y en los hogares mexicanos. Y en los cuerpos de las mujeres y las niñas.

Tal como Donald Trump, el feminicida machonazi mexicano, padre de familia, esposo, hijo, hermano, padrastro, albañil, policía, diputado, músico, médico, presidente, hace muchos años decidió arrancarse el bozal, y gracias al sistema que lo creó -diseñado por él y para él-, puede humillar, golpear, violar, quemar, torturar, ahogar, empalar y descuartizar niñas y mujeres, para después desechar los restos de sus cuerpos en bolsas de basura a la calle, como lo hacen miles de hombres cada año en nuestro país. Ellos, como Trump, tampoco son un fenómeno aislado. Son soldados de la religión universal del odio y la devastación machista, cuya presa favorita somos las mujeres.

Los machonazis son los más peligrosos depredadores del planeta. Son los responsables del Apocalipsis. Llevan siglos torturándose y matándose entre ellos. Torturando y asesinando a las mujeres. A los animales. A la tierra. Al agua. A los árboles. Al aire. Fueron ellos, no las mujeres, quienes crearon las guerras y las armas, la tortura y las herramientas de destrucción masiva (transgénicos, hidroeléctricas, capitalismo). Son ellos los golpeadores, los violadores, los genocidas, los que obligan a las mujeres al horror de las guerras: los responsables de la devastación moral y ecológica que está arrasando al planeta. La lista de sus crímenes es incalculable. Aquí podemos citar apenas unos cuantos ejemplos:

  • Son los machonazis los que han promovido y comercializado históricamente la cultura de la violación en el mundo.
  • Los que violan y asesinan millones de niñas y mujeres todos los días en todo el mundo. Y que también gozan de hacerlo multitudinariamente
  • Los que han convertido a niñas y mujeres en los objetos de venganza y horror de sus guerras.
  • Los que han promovido y comercializado históricamente la cultura del odio y el desprecio por la mujer. 
  • Los creadores y consumidores de las redes comerciales de pornografía infantil, tráfico y explotación sexual de niñas y mujeres en el mundo.
  • Los que violan y asesinan a sus hijas e hijos.
  • Los que gustan de violar y torturar niñas. Los que normalizan o legalizan estos crímenes a través de sus leyes o sus “usos y costumbres”. Los que practican estos crímenes en la clandestinidad.
  • Los que violan niñas y las obligan a parir el producto de la violación.
  • Los responsables de la devastación ecológica del planeta.
  • Los que crearon la palabra “puta”, en nombre de la cual tantas veces han violado y asesinado mujeres, pero aún no han inventado un término igual de despectivo para, por ejemplo, nombrar a los violadores de niñas y niños (como cápsula cultural, el romántico vocablo “pedófilo”, según la Real Academia de la Lengua Española Machonazi, se refiere al machonazi que “siente atracción pedófila (o sea, hacia niñas, niños y adolescentes) y la lleva a la práctica”. Así, como quien gusta de los chocolates y se come uno.

El depredador siempre ha estado entre nosotras. Lleva siglos aquí, disfrazado de héroe o de príncipe azul, y es el operador real del Apocalipsis real que está hundiendo al planeta en la devastación, la barbarie y el horror.

En un perverso intento, como todo él, por poner sobre nuestros hombros los horrores que pesan sobre los suyos, y por hacernos creer que las abominables somos nosotras, llama feminazis a quienes intentamos detener su bulldozer del odio y la destrucción. En otras épocas nos llamaban brujas y nos quemaban en las piras. Así han funcionado históricamente.

El machonazismo es la única religión mundial: no distingue raza, edad, color o nacionalidad. Su mensaje es contundente, sus tambores del Apocalipsis resuenan cada vez más fuerte y más claro. De muchos modos nos ha hecho saber que se siente más libre que nunca (¿o que siempre?) para imponer sobre nosotras, y sobre todo lo que les rodea, su régimen del horror. Igualito que Donald Trump.

¿Hasta cuándo lo permitiremos, mujeres del mundo?

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