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Víctimas del terrorismo (político)

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Javier Pérez de Albéniz | Cuarto Poder | 0

Por un instante, el PP de Mariano Rajoy ofreció síntomas de humanidad: el presidente del Gobierno recibió a los familiares de las víctimas del Yak-42. Un instante efímero en el que los populares parecían sinceramente arrepentidos de su miserable actitud con unas familias rotas por el dolor, maltratadas y engañadas, traicionadas y menospreciadas durante años. Rajoy y Cospedal les pidieron perdón, eso sí “en nombre del Estado”, y se comprometieron a trabajar en una resolución que les dé “satisfacción moral y jurídica”.

Un gesto de sensibilidad, de misericordia, que pese a llegar casi 14 años tarde supuso una agradable sorpresa, un alivio. Era un espejismo. Quién sabe si una estrategia política, un intento por contener la soberbia para poder blanquear una imagen putrefacta. No habían terminado de salir los familiares del despacho de Moncloa cuando Rajoy se arrancó la careta sensiblera de recibir viudas y huérfanos. Respiró fuerte, se recolocó la mandíbula de pugilista y dejó que su rostro recobrase la textura habitual. Hormigón. Cemento, arena y grava en un careto, el suyo habitual, el de hacer política, el de hipócrita rocoso y pétreo mentiroso, el de presidente de un Gobierno consumido por la corrupción y el cinismo.

“El homenaje que hoy rendimos a Rita Barberá es también para todos los concejales y para tantos a los que el terrorismo arrebató la vida”, escribió el presidente el pasado martes en su cuenta de Twitter. En un acto-homenaje a la que fuera alcaldesa de Valencia, Mariano Rajoy se vino arriba y puso por las nubes a la política imputada por blanqueo de capitales: “Rita fue una luchadora, fue generosa, fue afable, fue cercana, fue amable y siempre estaba pendiente de todos. La echamos de menos, yo la echo de menos y la echaremos de menos mucho tiempo”.

¿Rita Barberá y víctimas del terrorismo en una misma frase? Yo creía que a esta mujer la había matado un infarto de miocardio, quién sabe si a consecuencia de la obesidad, el estrés, la vida sedentaria o, no lo descarten, la depresión que le produjo el abandono por parte de los dirigentes de su partido. El terrorismo es otra cosa.

Y no digamos el terrorismo político, un subgénero que tendría su brazo armado en la corrupción. “Tenemos que ponernos de acuerdo en qué es corrupción. Para mí, corrupción es robar”, dijo muy serio Fernando Martínez-Maillo, vicesecretario general de Organización del Partido Popular. Es decir, que el hecho de que el Gobierno del PP haya tardado apenas dos meses en colocar a Arsenio Fernández de Mesa, ex director de la Guardia Civil, como consejero de Red Eléctrica Española (más de 150.000 euros anuales sin experiencia alguna en el sector), es lo normal en un país democrático. “Satisfacción moral y jurídica”, que diría Rajoy sin pensar en el pasado falangista de Fernández de Mesa. Terrorismo político, puntualizaría algún antisistema.

Un Comentario

  1. Cotilleja Sinremedio
    Cotilleja Sinremedio Febrero 3, 2017

    Pues sí, “terrorismo político-económico” es lo que estamos viviendo entre el saqueo del erario público y el escandaloso incremento de impuestos a beneficio de unos golfos, con consiguiente pérdida de poder adquisitivo para millones de ciudadanos.

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