Creían vivir en un país con libertad y estaban en España

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Juan Rivera | Rebelión | 11/03/2017

La manida representación de la Justicia con espada y balanza en las manos y una venda en los dos ojos por aquello de que no mira a personas sino hechos– que se lo pregunten a la Infanta- ha sido sustituida en nuestro país por la imagen de una mujer famélica, cara de virgen necia de la catedral de Estrasburgo (antes de que el meapilas de turno vaya a denunciar al fiscal con el que comparte comunión diaria por ofensa a sus sentimientos religiosos, sería mejor que leyera la parábola del libro que toma por guía vital donde dice: “Entonces el Reino de los Cielos será semejante a diez vírgenes que tomando sus lámparas, salieron a recibir al novio. Cinco de ellas eran prudentes y cinco insensatas…”) y parche tapándole el ojo derecho. Para que solo juzgue lo que sucede a su Izquierda ayudada por un monóculo con lupa de aumento estratégicamente situado en esa zona de la cara.

No voy a recurrir a los clásicos, con escarmientos disfrazados de sentencias condenatorias tipo Alfon o Andrés Bódalo, ni a la criminalización de la protesta vecinal del caso Gamonal. Ahora que están tan sensibles algunos ¿periodistas? denunciando presiones de Podemos que coartan el ejercicio de su sagrada libertad de expresión, no dudo que sacarán las uñas para protestar por las aún humeantes sentencias a cantantes tipo Hassel, Strawberry, Valtonyc o la investigación penal que la Fiscalía de Gran Canaria ha abierto al ganador de la pasada gala Drag Queen del Carnaval a petición de la Asociación de Abogados Cristianos.

Si condenar por apología de violencia o escarnio a las víctimas a los autores de canciones más o menos desafortunadas en un país que permite ensalzar públicamente a uno de los asesinos más sangrientos de la Historia, el sembrador de terror Franco, sin que pase nada ya pone el listón del sesgo ideológico de las sentencias en la estratosfera, intentar censurar el Carnaval lo sitúa en la Luna.

Porque resulta muy curioso el enfoque informativo. Ese que, por ejemplo, nos permite ver repetida una y mil veces las patadas a una muchacha de Murcia mientras desde la mayoría de los medios de difusión ideológica se obvian vínculos neonazis o presunta participación activa en otras agresiones.

Ese que nos hace palpar el silencio sepulcral de unos periodistas que no han dicho ni mu –entiéndase el “muuuu” como metáfora, no como literalidad–. Visto lo quisquillosos que llegan a ser y la piel tan fina que gastan, mejor es aclararlo- ante los despidos de sus compañeros, ni cuando Cebrián se proclama campeón indiscutible en el concurso “corta la cabeza al díscolo”, ni cuando la línea informativa en unas televisiones públicas sigue el dictado del Gobierno de turno. Sólo se sienten presionados y desvalidos cuando desde el entorno de Podemos señalan la obviedad de que son la voz de su amo. Menos mal que excepciones como la de Jesús Cintora o la impagable –por su honestidad– de Olga Rodríguez abren hueco a la dignidad en un ambiente donde es difícil encontrar muestras de ella.

Y luego resulta alucinante la capacidad para sentirse ofendidos. ¡Por favor!. Cojan cualquier declaración de los portavoces del PP corte Rafael Hernando (“los familiares de las víctimas del franquismo se acuerdan de desenterrar a su padre solo cuando hay subvenciones”/”A mí me gusta que los muertos descansen en paz y esto de estar todo los días con los muertos para arriba y para abajo supongo que será el entretenimiento de algunos”) o Pablo Casado (¡Si es que en pleno siglo XXI no puede estar de moda ser de izquierdas, pero si son unos carcas! Están todo el día con la guerra del abuelo, con las fosas de no sé quién, con la memoria histórica”) sobre fusilados y fosas aún sin dignificar. Claro, como los rojos somos alimañas y no personas no tenemos sentimientos. Por eso no nos podemos ofender ni ningún fiscal se ve compelido a actuar de oficio. Y como sigamos hablando nos recuerdan que ganaron una guerra. No hay nada más moderno que el ideal de Cruzada.

En España, estado teóricamente aconfesional, sólo tienen derecho a sentirse ofendidos la Corona y sus satélites, la Banca, la prensa y los fieles a la jerarquía católica. Porque una burla carnavalesca merece la crucifixión del osado, ya que los obispos carpetovetónicos son la vanguardia del respeto. Y cuando nos mosqueamos con ellos es porque debido a nuestra ignorancia y falta de cintura no comprendemos el sarcasmo de expresiones como “La Unesco tiene programado hacer homosexual a media población” (obispo de Córdoba),”Puede haber menores que sí lo consientan[ abuso sexual] y, de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan ”(obispo de Tenerife),” “Debería llamarse, no el Tren de la Libertad, sino el tren de la muerte, del holocausto más infame” (obispo de Alcalá, sobre manifestaciones contra la retrógrada ley Gallardón sobre el aborto)…

Siempre respetuosos. Al igual que cuando Jiménez Losantos decía “Veo a Errejón, a la Bescansa, veo a la Rita Maestre y me sale el monte, no el agro, el monte, si llevo la lupara disparo” Debe ser que la Mafia regala siempre el mismo armamento. O cuando los “trolls” del nacionalismo de pulserita inundan las redes de amenazas. Cuando lleguen al millón está prevista la primera investigación.

Y así hasta el infinito, porque para franquistas, neofranquistas, cruzados de la causa, ultramontanos, sectas de toda laya, núcleo duro del PP… España es el paraíso de la libertad de expresión. Pueden decir la burrada máxima que no pasa nada. Pero ojo, solo ellos que si no sería libertinaje.

Como dicen los encausados de Gamonal: “Cuando desafías al Estado te responden con venganza y no con justicia”. Error. No les hace falta ni que exista el desafío. Las mal llamadas “Leyes de Seguridad” están hechas para amedrentarnos. Por eso ya que le han puesto a la Justicia el parche tapando el ojo derecho, podrían dejarse de disimulos y ponerle el disfraz completo de pirata. Eso sí, cambiando la Balanza por la Mordaza que legalmente nos han impuesto.

Leyendo la última necedad lanzada por Mario Vargas Preysler, más allá de la lástima que da ver al escritor peruano convertido en una triste visitadora del Poder, la única disculpa que se me ocurre es que su senectud le hace creer que está en un país con libertad de expresión cuando está en España. Perdón, no me había dado cuenta que criticaba a la Izquierda. Entonces el derecho de pernada en sus pronunciamientos públicos es absoluto. Nihil obstat.

Juan Rivera. Colectivo Prometeo. Mesa Estatal FCSM.

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