Susana y los anabolizantes

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Gerardo Tecé | Ctxt | 26/03/2017

Sólo faltó Marcelino marcándole el gol de cabeza a Rusia. El resto del establishment histórico acudió a cerrar filas al toque de corneta ordenado desde la capitanía del sur. Estaban todos los que alguna vez fueron. Desde Pepe Bono a Edu Madina, pasando por Rubalcaba y Chacón, de Miguel Sebastián hasta Rosa Aguilar –el viaje de esta mujer nunca acaba– sin olvidar a los barones llegados desde todos los puntos del Reino y, por supuesto, las vacas sagradas: Felipe, Alfonso o José Luis –a las vacas se las llama por el nombre de pila. Parejas previsibles y parejas enfrentadas en combates anteriores, unidas todas en torno a eso que, por su capacidad de movilizar, se conoce como El Aparato.

Como en un carísimo anuncio de CocaCola, una arrolladora sensación de ilusión forzada protagonizaba la jornada en la que la hija de la casta de fontaneros anunciaba lo que ya se sabía desde hace años: era ella, quién si no, la elegida por el aparato y los poderes que orbitan y viven en la política. Quienes piden un nuevo PSOE no entienden el trastorno que eso supone en la planta noble de España, era lo que venía a decir sin llegar a decirlo la enorme demostración de musculatura de esta mañana. Sin más argumento político para llevarse a la boca que el propio culturismo, los significantes vacíos tomaron Ifema. “Socialismo”, “ganar”, “España”, “ilusión”. Conceptos aplaudidos desde una primera fila llena de tótems en la que se acumulaban tantas decepciones históricas que, por si se jodía el spot, ninguno de ellos subió a hablar.

El eslogan elegido para la presentación de la candidatura oficialista era perfecto: “Cien por cien PSOE”. ¿Ves las primeras filas, hijo? Pues todo eso es socialismo, fuera de ahí la nada. El órdago de “el socialismo es mío” era tan obvio en un momento dado que los disimulos quedaron a un lado y Susana Díaz pidió un aplauso para Javier Fernández, presidente del organismo neutral, también conocido como La Gestora, que no ha podido venir por, bueno, ya sabéis por qué, guiño, guiño. No estamos todos, falta Javier. Felipe González casi se remanga la camisa para enseñar bíceps.

A pesar de lo que pueda parecer por el exceso de músculo, el presupuesto del spot no iba todo a anabolizantes. Lo personal también contaba. Y mucho. Lo de hoy era de algún modo la puesta de largo oficial de una apuesta cocinada por las élites del partido, cargo a cargo, a fuego lento, durante toda una vida. Era el debut en la gran liga de esa niña criada en los pasillos de una sede local del PSOE de Sevilla por varios padres que no eran fontaneros. Satisfecha, la primera fila recibía el cariño de vuelta de la ahijada: “de Alfonso aprendí el valor de la palabra, de José Luis aprendí…”. Mírala qué mayor está ya, ha salido clavadita al padre político, habla como Felipe en los 80, se debió de susurrar en algún discreto boca oreja durante su larguísimo discurso.

“Somos socialistas de verdad, de siempre, y eso lo hemos llevado siempre con nosotros”, se desgañitaba significante tras significante la criatura política hecha a imagen y semejanza de un PSOE que emprendió hace tiempo un camino que no les está llevando al futuro, a pesar de eslóganes, sino a convertirse poco a poco en un recuerdo hípster. Un discurso que lo mismo niega la aritmética –no pactaremos ni con PP ni con Podemos–, que se tatúa obviedades, –vamos a gobernar desde la victoria. Los jóvenes estudiantes socialistas colocados tras el tiro de cámara dejaban de lado los conocimientos frescos de Matemáticas y Filosofía para aplaudir por el bien de España. De una arenga a otra hasta la arenga final: “Somos el PSOE, somos el PSOE”. Que somos el Madrid, hostia, gritaba Benito Floro en aquel vestuario de Lleida, esperando que, con recordárselo a sus futbolistas, un problema que era de fondo se arreglase. A él no le funcionó.

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