Si seguís apretando nos vais a ahogar

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Se suele decir que subir los impuestos es de izquierdas. Pero así en abstracto, como tantas otras cosas que acaban por confundir al personal, no es cierto. De izquierdas es aumentar la presión fiscal sobre los que más tienen y reducir o eliminar esa carga para los que menos pueden mantenerla. La derecha hace justo lo contrario, carga toda la presión fiscal sobre los hombros de los de abajo para que los de arriba puedan volar sin lastres. Y aunque la izquierda pareciera que ha olvidado su papel (y es solo porque aquí nunca ha gobernado la izquierda), la derecha tiene el suyo cada día más presente.

Lo tiene presente, pero de modo enfermizo. Es una auténtica carnicería lo que se está haciendo a nivel tributario en este país. Pagamos más que nadie por los peores servicios inmediatos y por ‘promesas’ de protección que difícilmente se cumplirán, como esas pensiones que a ver quién acaba cobrando. Hasta esa Sanidad que sí merecía lo que nos costaba ha dejado de hacerlo. Y es que con plantas enteras cerradas en muchos hospitales y listas de espera que no se hacen efectivas porque normalmente o te curas o te mueres antes de que te atiendan, lo sangrante es que cada día paguemos más. De la educación mejor no hablar porque no nos quedan muchos puestos que rascar en la cola de las clasificaciones mundiales. En cuanto a prestaciones y protección qué podemos decir… Pero eso sí, somos el segundo país del mundo tras China en kilómetros de AVE, ese servicio imprescindible que todos usamos a diario ¿o es que tú no lo utilizas cada día?

Si comento lo del AVE como ejemplo y lo hago en este tono, es porque ahí, en el de los absurdos, es donde radica el problema. En este país se ha gastado como si no hubiera un mañana y muy por encima de nuestras posibilidades en lo accesorio. Y no porque estemos en manos de incompetentes, sino porque estamos en manos de chorizos. Y porque había que inventar necesidades para que ciertas empresas privadas pudieran vaciar legalmente las arcas públicas. Aunque no solo eso.

Hoy, gracias a estas prácticas mafiosas, y a pesar de estrangularnos con impuestos, el Estado tiene un déficit brutal que compensa hipotecándonos con préstamos (deuda). Pero todo tiene un límite, y algún día va a reventar. Pasar del 100% del PIB (el PIB anual equivale actualmente a tres veces el presupuesto del Estado) en deuda ya la convierte en impagable, y lo hemos superado de sobra. Pero si además el Estado necesita seguir aumentándola, incluso recortando derechos y servicios, para compensar los presupuestos por falta de ingresos, algo muy grave está ocurriendo.

A los de abajo, que ya estamos con la lengua fuera, no se nos puede apretar mucho más. El 90% de la población aportamos, a pesar de que solo contamos con un 10% de la riqueza nacional, no solo la casi totalidad de los ingresos por impuestos directos, sino también la siempre creciente partida de los indirectos.

Pero parece que no tenemos muy claro qué quiere decir eso de la proporcionalidad, porque protestar, más bien protestamos poco. Y proporcionalidad significa hacer equivalente el esfuerzo que supone a cada uno pagar los impuestos. Alguien que gana 20.000 euros anuales, y que necesita solo para cubrir sus necesidades básicas, pongamos 15.000, y paga entre impuestos directos e indirectos (IVA, ITP, IBI, IAE, circulación, matriculación, hidrocarburos, tasas, etc.) los otros 5.000, está haciendo un esfuerzo fiscal del 100%. Alguien que gana, pongamos, 10 millones anuales, que cubriría con la misma dignidad las necesidades básicas comunes con esos mismos 15.000 euros, y que gracias a la ingeniería fiscal paga 1,5 millones de euros de impuestos (o mucho menos), o es una honorable excepción y sin ella paga 4,5 millones, estaría haciendo un esfuerzo del 15 o el 45% respectivamente. Dicho de otra forma, el mayor sacrificio en este país, con toda la injusticia, lo hace quien menos puede.

Vale, seguro que todos sabemos que esto funciona así y, condicionados como estamos, hasta lo hemos asumido. Incluso nos hemos tragado el mantra ese de que si apretamos a los ricos se irán del país con su dinero (a los que aún os lo creéis os voy a dar una primicia: el dinero de los que podían permitírselo ya se fue hace mucho tiempo, y el que no se ha ido porque no puede deslocalizar su producción o comercialización, desde los Mercadonas y Carrefoures a los bancos, pasando por cualquiera que negocie físicamente en el país, no se podrá ir por mucho que le suban los impuestos). Pero incluso aceptando el engaño, todos coincidiremos en que algo habrá que hacer, y que la solución no puede ser añadir un nuevo impuesto por usar ‘nuestras’ autovías (como según dicen van a hacer porque lo exige la UE), o instalar más radares en las carreteras, o aumentar los repagos farmaceúticos, o subir más el IVA, o…

¿No será ya el momento de protestar un poco para que los impuestos los paguen los que pueden pagarlos sin tener que renunciar a nada básico? ¿No será ya el momento de que nos dejen respirar un poco?

Igual es que estoy confundido y resulta que vivo en un país de masoquistas. Si es así, mis disculpas y mis respetos. Si tantos hay es que debe ser agradable. Tendré que probarlo, y si me gusta en la próxima ocasión votaré a PP, C’s o PSOE para que me den caña de la buena. Cuanta más mejor, claro.

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2 Comentarios

  1. Como viene a cuento, aquí lo dejo. Es un fragmento de vuestro artículo “Más que un club”.
    “España es una democracia sin bachillerato” le gustaba decir en las tertulias televisivas al filósofo Gustavo Bueno, poco sospechoso, desde luego, de albergar antiespañolidad alguna. En efecto, cabe preguntarse si un pueblo sin educar puede llegar a ser un pueblo libre. No le faltaba razón a un intelectual audaz y sin ambages como Puente Ojea al aludir a la incultura como el mejor aval para seguir garantizando el espurio proyecto: “Cuarenta años de implacable adoctrinamiento católico en la docencia –señala en La Cruz y la Corona– que continúa recibiendo la protección de los actuales poderes públicos han (…) perpetuado el pensamiento confesionalista y la vocación nacionalista de la derecha española que han nutrido al franquismo, produciendo generaciones sucesivas (…) que son insensibles, en el mejor de los casos, al debate ideológico o político, o que han asimilado en el peor, los estereotipos de un ideario católico que destruye el juicio crítico y paraliza la mente”.

  2. Pues eso es lo que son una grandísima mayoría de votantes de este país:o unos garrulos o unos masoquistas en superlativo.
    O sea, la próxima vez vota al PP y, encima, pon tú la vaselina.

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