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Así habló Clara Campoamor

<p>Clara Campoamor</p>
Clara Campoamor. ILUSTRACIÓN DE ELENA VALVERDE

GUILLERMINA TORRESI | CTXT | 30 abril 2017

Hace 86 años, una sola mujer tomó la palabra en el Congreso de los Diputados para reclamar a los parlamentarios españoles un sí para el derecho político básico: el voto. Clara Campoamor, acompañada únicamente por una exquisita dialéctica política y un razonamiento fuerte y consolidado consiguió, en 1931, que fuera apoyado el sufragio femenino. Los 161 votos a favor la impulsaron –si es posible, aún más– como la heroína del feminismo.

Esta implacable defensora de los derechos de la mujer nació en Madrid en el año 1888 y murió exiliada en 1972 en Suiza, mientras escapaba de la guerra civil española. Gracias a ella y a cientos de sufragistas de otros países que dieron sentido a lo que falsamente se denominaba sufragio universal, hoy podemos votar.

El sufragio femenino, una lucha solitaria

Clara Campoamor fue mucho más que una heroína. Sus esfuerzos no cesaron cuando se descubrió sola: sus compañeros de partido y otras militantes feministas la abandonaron cuando era el momento de alzar la voz. Su batalla fue solitaria pero nunca se rindió. Tantas veces, como ella misma tuvo el disgusto de oír, este combate hubiera sido inexistente si Campoamor hubiera nacido hombre.

Como mujer en esta época de señores “ilustres”, su capacidad de trabajo, su independencia, su seguridad, su fortaleza y su tan completa formación –modista, abogada, política, escritora– han convertido a Clara Campoamor en el icono de los derechos de la mujer. Si en este abanico de lo que formaba su imponente personalidad pudiéramos destacar una sola cosa, sería su profunda convicción democrática en una época de fanatismos, injusticias y desórdenes. Pero no es lo único. Ni mucho menos.

El poder que tenía Clara Campoamor sobre las palabras y su uso es único, infalible, sólido pero flexible y persistente: capaz de calar profundamente en las refinadas mentes o dentro de los más vacíos intelectos. Su astuto discurso abría en canal la época que vivió, no eran necesarias las imágenes, ella dibujaba con su narrativa una verdad dura, real y palpable.

EL PODER QUE TENÍA CLARA CAMPOAMOR SOBRE LAS PALABRAS Y SU USO ES ÚNICO, INFALIBLE, SÓLIDO PERO FLEXIBLE Y PERSISTENTE: CAPAZ DE CALAR PROFUNDAMENTE EN LAS REFINADAS MENTES O DENTRO DE LOS MÁS VACÍOS INTELECTOS

El sí al sufragio femenino se hizo efectivo en el año 1933, cuando miles de mujeres se acercaron a las urnas. Isaías Lafuente dice así en su libro La mujer olvidada. Clara Campoamor y su lucha por el voto femenino (Temas de hoy): “Normalmente, las personas que consiguen conquistas históricas conquistan a su vez un lugar en la historia. Pero nuestro país [España], extraordinario en otras cosas, no ha tenido la virtud de escribir la historia en femenino”.

Esa sentencia es verdadera y cruel. Está cambiando: muy poco a poco, muy de vez en cuando y en manos de mujeres que buscan hacer honor a aquellas que en el pasado, como Campoamor, lucharon por un futuro feminista, tenaz y que sirviera de modelo.

Como quien ha hecho bien su trabajo, con orgullo y quizás pena, tres años más tarde de que la imagen de una mujer en las urnas fuera una realidad, exactamente el 28 de agosto de 1936, Clara Campoamor comenzó su camino al exilio. Concha Fagoaga lo describe así en su prólogo del libro La mujer en la diplomacia y otros artículos (Editorial Renacimiento): “Abandona despacho jurídico, empleo en el Ministerio de Instrucción Pública y un memorable historial republicano (…) En el equipaje, algunos ejemplares de un par de libros que acaba de publicar, El voto femenino y yo y El derecho de la mujer; también muchas notas sobre lo que estaba ocurriendo en su país que le habían ayudado a tomar la decisión antes de cerrar la puerta (…)”.

Escribiendo en el exilio

Escapando del estallido de la Guerra Civil, Clara Campoamor cerró la puerta del que fue su hogar al lado de la madrileña plaza de la Lealtad. El exilio la llevó a Francia, más tarde a Argentina y finalmente a Suiza.

En ese viaje toma el francés como lengua y comienza a trasladar sus pensamientos sobre la lucha, la realidad de su país y la personal, nuevamente a los papeles. Ya en París ve la luz su tercer libro: La revolución española vista por una republicana (Renacimiento). A través de este manuscrito, que es en realidad un diario, Campoamor explota y tira por los suelos muchas de las mitificadas ideas que se tienen sobre la guerra civil española. Deja claro que la creencia de que se trata de una batalla entre malos y buenos  es equivocada e injusta: “El bando vencedor verá nacer luchas internas entre los partidos tan contradictorios, pretendiendo cada uno de ellos cosechar para sí los frutos de la victoria”.

CAMPOAMOR EXPLOTA Y TIRA POR LOS SUELOS MUCHAS DE LAS MITIFICADAS IDEAS QUE SE TIENEN SOBRE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA. DEJA CLARO QUE LA CREENCIA DE QUE SE TRATA DE UNA BATALLA ENTRE MALOS Y BUENOS ES EQUIVOCADA E INJUSTA

Aún en francés y junto a este libro, Campoamor también publica artículos en revistas de Derecho Político y en monografías sobre avances de los derechos de las mujeres. Su siguiente destino reclama las ganas de poder expresarse en su propia lengua y es, asimismo, uno de los rumbos que toman muchos exiliados españoles: América del Sur.

La revista argentina Saber Vivir de la actualidad nada tiene que ver con la que se editaba una vez al mes entre los años 1940 y 1957. En aquellas ediciones se hablaba de cultura, danza, política, literatura… Todos estos temas iban de la mano de grandes autores –en su mayoría, hombres–: Borges, Rafael Alberti, Ramón Gómez de la Serna, Clara Campoamor… Un gran número de autores españoles vivían exiliados y colaboraban en la revista dando voz a la represión, a la revolución y a las distinciones sociales y de género que se sufrían en España y en una Europa aplastada por las dictaduras que estaba intentando resurgir.

Fagoaga dice en el prólogo anteriormente mencionado: “La estancia en Buenos Aires desde 1938 a 1955 le hizo sentirse como ‘en casa propia’ (…) En Argentina vivió los mejores años de su exilio pues pudo ejercer un largo trabajo en empresas editoriales promovidas por españoles tan exiliados como ella” (La mujer en la diplomacia y otros artículos, Editorial Renacimiento).

Su trabajo ensayístico y de traducción es muy conocido, mas su labor periodística apenas tiene reconocimiento a pesar de haber sido una de las grandes ocupaciones a lo largo de su vida: se había hecho al lenguaje gracias a periódicos y revistas madrileñas.

Recuerdos personales, representaciones de lugares europeos, encuentros y desencuentros, las enormes distancias entre los géneros, las injusticias que vive la mujer, aspectos de la literatura, la familia…Todos estos temas forman un pequeño porcentaje de los artículos que Campoamor escribió en su exilio hispano.

Sus palabras son una bofetada de historia y relato ficticio que en ocasiones se acompaña con una inocente pero intencionada ironía: “La costumbre femenina de firmar con pseudónimo parecía tan natural, tan obligada, que recuerdo todavía cómo en la redacción de un diario madrileño a la que pertenecía quien esto escribe, se me discutía vivamente, allá por el 1922, la necesidad, y hasta el buen gusto, de que la mujer optara por un pseudónimo viril para osar asomarse al mundo de las prensas tipo o litográficas” (Artículo Cuando la Avellaneda “se disfrazaba” de varón).

Igualmente esta indiscutible feminista es capaz de revivir el pasado y el presente dotándolos de una ingeniosa estampa porque controla su entorno y las razones de que así sea: “Se ha desnudado ‘la guerra alemana’. La guerra de hierro y fuego. La guerra de la deslealtad. La de la traición y el engaño. La de la violencia y el atropello. La del perdón de exterminio y desolación (…) La guerra, en suma, que habría de hacer sonar en el reloj del tiempo la hora que marque para el anhelo lo germano el instante de avasallamiento de la humanidad y de sumisión total ante una raza…” (Artículo ¡Tú lo quisiste Germania!).

Su discurso es actual y atemporal, la leímos y la leeremos a lo largo de la historia y seguirá siéndolo. Justamente es a través de sus palabras donde podremos hacer justicia a Clara Campoamor, apartándola de la lista de las olvidadas y ayudándola a alzar la voz como ella hizo por nosotras en el pasado.

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