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¿A qué viene ese circo de la disciplina?

La verdad es que ya no suelo perder el tiempo con los programas de entretenimiento de la televisión ni por curiosidad malsana, y si ojeo los informativos o la prensa es más por deformación profesional que por cualquier otra cuestión. Pero como ha sido noticia de actualidad lo comentado por un cocinero estrella en relación a los falsos stagiaires (en realidad el problema, aunque se quiera confundir, nos son los stagiaires, son los becarios, los estudiantes en prácticas), he decidido documentarme mínimamente sobre los personajes que han defendido la idoneidad de tener trabajadores gratis, y esto ha derivado, entre otras cosas, en que he acabado sufriendo los gastro-realities de moda.

Y menudo sorpresón. Hemos vuelto a los años cuarenta del siglo pasado y yo sin enterarme. Y no lo digo sólo por lo que ocurre en esos circos mediáticos, aunque por poco se me saltan los ojos de las órbitas al ver cómo tratan a los concursantes esos showmans devenidos en maestros (hoy cualquiera que interese es elevado a esa categoría). Lo peor ha sido tragarme un par de documentales presuntamente más serios sobre los chef de éxito y comprobar que lo de los realities era solo una consecuencia del modelo de relaciones reales en las cocinas de los restaurantes estrella.

¿Han fumigado el mundo con el virus de la estupidez? ¿Se ha puesto de moda la sumisión laboral? ¿Es una broma y como estoy obsoleto no la he pillado, o qué es lo que está pasando?

De verdad que he alucinado con la disciplina castrense que se respira en esos ambientes, con las broncas y las lágrimas, y con la tensión que se vive entre fogones, como si por fallar un servicio se acabara el mundo. Hasta he visto a un niñato que va de divo, y que ni recuerdo cómo se llama, tratar como a escoria a sus trabajadores. Y con los trabajadores, muchos de ellos becarios (no stagiaires, que en el mundo de la hostelería es un término referido al cocinero profesional y solvente que pide hacer de observador de otro cocinero profesional, y ni corta cebollas ni limpia cazuelas), tragando estoicamente la purga.

Ingenuo de mí que pensaba que hasta lo de tratar de usted por motivos de estatus laboral había quedado atrás. Y ahora resulta que no solo hay que tratar de usted sino que hay que aguantar que te trate como si fueras una mierda un tipo al que además debes llamar chef.

No existe ninguna justificación para que se dé esta aberración. No la hay en ningún caso. Y además un verdadero maestro no hace sentir inferiores a sus aprendices. Son aprendices. Así solo trata a sus alumnos un acomplejado, un miserable, un pobre diablo. Si tienes algo que enseñar, y de verdad tienes vocación de maestro, disfrutas enseñando. Con cariño, con respeto, y encantado de que alguien quiera aprender lo que tú sabes. O de lo contrario no lo haces. Lo demás tiene que ver con la explotación, con un modelo de clases e intereses espurios, de competencia, de sumisión y de humillación sin otro sentido que el de marcar diferencias y blindar una dinámica que favorece a muy pocos a cambio del perjuicio para la mayoría.

Por eso mismo los grandes medios difunden sin parar el mensaje: “así se trabaja”, “el empleado tiene que ser sumiso”, “si te esfuerzas mucho a todos los niveles, un día podrás ser tú el que humille”, “mira lo que le pasa a los perdedores”, “el de al lado no es tu compañero, es tu rival y tu enemigo”.

Es una barbaridad lo que están haciendo estos dementes, egoístas y codiciosos. Una relación, no solo laboral, que no esté basada en la naturalidad y en el respeto mutuo, no debiera caber ya en la sociedad del S. XXI. Pero la precariedad y la necesidad facilitan que se consoliden estas prácticas. En cualquier caso, la solución, como casi siempre, es política. Y para empezar no se entiende cómo se está permitiendo que, con o sin presunta (muy presunta) expectativa de futuro para el aprendiz, alguien pueda tener trabajadores que no cobran y que además tienen que estar agradecidos.

Por muy agradecidos y privilegiados que puedan sentirse los alumnos explotados, y por grande que sea su deseo de trabajar gratis soñando con el cuento de la lechera, el empresario debe estar obligado a pagar sí o sí a sus falsos becarios, y las inspecciones para comprobar que se cumple con su estatus de aprendiz, con su jornada máxima y con sus periodos de teoría y de prácticas, deben ser constantes y sancionadas con severidad las infracciones. Porque es lo lógico, lo estipulado, y porque puede que esta sea la única forma de que unos sinvergüenzas no se aprovechen de la coyuntura para tener mano de obra predispuesta a ser explotada, y para que los otros no entren en un círculo de falsa meritocracia, para que se sientan valorados también a nivel salarial y se acostumbren a que el trabajo se paga, y especialmente para que no se hundan si después no alcanzan el paraíso prometido (algo que no alcanzará el 99,99% de esos sacrificados futuros candidatos a estrella a los que estafan con sueños de grandeza).

Pero es muy difícil suponer que se pueden tomar medidas al respecto, o que la situación vaya a mejorar algún día, cuando precisamente en un momento de retroceso agudo como el actual, es la parte de la sociedad más perjudicada la que asume con pasividad la degradación imperante, cuando no lo hace encantada de asistir a los circos que la van a predisponer a que trague con todo sin rechistar.

9 Comments

  1. fran
    fran 5 mayo, 2017

    ¿ha caso vives en una cueva?

    yo tengo una 1fp de grado medio y 2 de grado superior (mas cursos añadidos

    En cuanto a experiencia laboral llevo casi 4 años, de los cuales solo 8 mese son retribuidos. Te presenta en una empresa y ya temiran con lupa de porque no heres oficial de 2º ya con 28 años encima….

    Las empresas de ahora quieren ingenieros para que les hangan milagros a coste de peon o de becario, en cuanto les das intencion de que quieres hasceder ya te ponen todas las trabas posibles parar te marches.

    Tambien estan las que dan por sentado que las horas extras son gratuidas o se pagan a la midad de las nomales, eso si, como te entre la venada de no hacer ninguna en una semana te dejan de renovar y punto.

    • Ana Sayalero
      Ana Sayalero 6 mayo, 2017

      Bueno, aun estando de acuerdo con la idea que transmites, un barnicillo de ortografía no te vendría mal si es que tienes 2 ciclos de grado superior como dices y quieres que se te contrate con la categoría que correspondería a los mismos. (No se escribe “temiran” sino que es separado, “heres” es sin ache no es “hangan” sino hagan “hascender” va sin ache y deberías coger varios puñados de tildes y repartirlos por el texto.
      En cualquier caso, entre los 3 ciclos que has hecho has debido realizar aproximadamente unas 1000 horas de formación en la empresa que no son evidentemente retribuídas ya que en realidad son asignaturas del instituto impartidas en otros lugares, es decir, en las dependencias reales de la empresa. En periodos de 3 meses al final de cada ciclo formativo. El resto de los cuatro años menos 8 meses no entiendo por qué has aceptado hacerlos sin retribución.

    • Jamalo
      Jamalo 8 mayo, 2017

      Pues para tener tantos grados, escribes como el culo.

  2. Cotilleja Sinremedio
    Cotilleja Sinremedio 5 mayo, 2017

    La verdad es que, alegando el reconocimiento de la marca Michelin, disponer en el sector hostelero de alumnos que dedican tantas horas de trabajo aprendiendo ‘gratis total’, gastando, además, dinero en transporte, es de una usura empresarial impresionante, al tiempo que fomenta la esclavitud tan propia, lamentablemente, de estos tiempos. Pero, ¡qué vergüenza!.

  3. Cotilleja Sinremedio
    Cotilleja Sinremedio 5 mayo, 2017

    No puedo extenderme más (y me dejo argumentos en la cabeza), pero hoy tengo el tiempo justo.

  4. Fernandel
    Fernandel 5 mayo, 2017

    Dirijo (mejor, ayudo a dirigir) el pequeño restaurante de mi esposa. Es por esto por lo que somos muy aficionados a la cocina y a la gastronomía en general. Nos vemos todos los programas de TV que tratan el tema y que nos permite nuestra actividad. Tengo que decir que antes de cada reality show como Masterchef o Toppchef tenemos que mentalizarnos y taparnos la nariz y los oídos para poder resistir la serie de insultos, vejaciones y ofensas que los candidatos tienen que soportar para poder seguir adelante en el “campeonato”. Si un “aspirante” se siente algo maltratado o incomprendido y osa demostrarlo, es vilipendiado y zarandeado hasta que humilla la cerviz y pronuncia su “si jefe” como antes en África pronunciaban su “si wana”. Ultimamante están llevando tan al extremo sus triquiñuelas para crear enemistad y falta de compañerismo entre los participantes, que poco ha faltado para que dos chicas se agarraran a tortazos. Desde luego no sabemos si aprenden mucho en las academias de cocina, pero lo que si salen es bien domados, bien humildes y dispuestos a dejarse explotar hasta lo imposible. Verdaderamente, ver el tipo de relación que predican entre jefes y subordinados nos retrotrae a tiempos franquistas y cuartelarios. Quizá sea ese el verdadero sentido de la enseñanza de estos programas.

  5. Gabi
    Gabi 6 mayo, 2017

    En España existen sindicatos, o es que se esta luchando para su implantación.

  6. Casual Gourmet
    Casual Gourmet 6 mayo, 2017

    Hace casi diez años que no veo la televisión, nada en absoluto, ni por uno u otro motivo, por ello, estoy desconectado de los concursos televisivos sobre cocina. Por el contrario sí leo la prensa digital que en estas semanas nos ha puesto al tanto de la actualidad en las cocinas de los restaurantes más promocionados. Como aficionado a la gastronomía, desde mi posición como consumidor en restaurantes de todo el mundo, agradezco mucho la existencia de la guía Michelín que en el futuro usaré para saber dónde NO ir a gastar mi dinero.

  7. Sí, bwana
    Sí, bwana 7 mayo, 2017

    Actualmente las estrellas Michelín están completamente devaluadas por actuaciones como las del sr. Cruz y compañía. Antes estaban los payasos de la tele (Miliki, Fofito, etc), ahora tenemos “payasos” en la tele que intentan normalizar la humillación y la precariedad laboral a través de “shows” gastronómicos. Es una forma de atontar a la población y que no protesten.

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