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Condes, marquesas, desahucios y otras mierdas

Francisco González Tejera | Viajando entre la tormenta | 11/05/2017

Desde lo que llaman pomposamente “Conquista de Canarias”, más bien genocidio sobre los pueblos indígenas isleños, vienen pisando cabezas, abusando de un poder sustentado en la maldad, la codicia y la ambición desmedida.

Condes, marquesas, nobles, realeza y otras aberraciones de la historia han construido en las islas un imperio para la vulneración de los derechos, del enriquecimiento ilícito, de la destrucción de patrimonio cultural, de las construcciones masivas en parajes naturales, playas, montañas y barrancos sagrados, del derecho de pernada, de la esclavitud,  de la explotación de un pueblo víctima de la miseria, del hambre, del sufrimiento generado por una oligarquía medieval y sin escrúpulos.

No se conformaron con el exterminio de los pueblos originarios, con apropiarse de las tierras de sus antepasados, con destruir gran parte de su universo, generando hambre, obligando a gran parte de los canarios a emigrar a Latinoamérica para huir de los brutales abusos, de las persecuciones durante cientos de años, de las matanzas masivas tras el golpe de estado fascista del 36, donde participaron activamente en las “Brigadas del amanecer”, instrumentos facciosos para exterminar y desaparecer a quienes defendían la democracia, la libertad y los derechos de la clase trabajadora.

En pleno siglo XXI ejercen de “bienhechores” de “gentes de bien”, de honorables empresarios desde sus cochazos de alta gama y mansiones de lujo, respaldados por gran parte de una siniestra casta política a su servicio: “Si señor, no señor, servido está el pelotazo o la recalificación de cualquier suelo rústico de protección”.

Como parecen no haber depredado lo suficiente en 500 años de expolio, tratan ahora de expulsar de sus casas a más de 70 personas de los barracones donde en el pasado alojaron a sus esclavos, aquellas humildes familias que hace 50 años trabajaban sus tomateros por sueldos de miseria, en condiciones laborales vergonzosas, de sol a sol.

El objetivo es claro, se trata de especular con ese territorio, seguir construyendo masivamente con la displicencia del alcalde-mayordomo de San Bartolomé de Tirajana en el sur de Gran Canaria, dejar en la puta calle a personas mayores, algunas enfermas, niñas y niños, familias enteras, sin pagar un céntimo, sin buscarles alternativas, sin respetar que esta gente tiene derechos sobre estas propiedades, abusando de su poder hasta las últimas consecuencias, humillando a quienes han pasado toda su vida en estos habitáculos inmundos, reparándolos, conservándolos para mantener un espacio para la vida y la dignidad.

Los herederos del condado de la Vega Grande, los del Castillo y Bravo de Laguna, como siempre ha sucedido no tienen un mínimo de consideración, las palabras “solidaridad” o “empatía” no existen en su limitado vocabulario, han obtenido todas sus riquezas sin dar palo al agua, quedándose con media isla tras el genocidio indígena para luego imponer sus devastadores monocultivos, más tarde el destrozo del cemento y el hormigón de las macro construcciones turísticas.

Amparados por un reino de España inundado de corrupción hacen y deshacen y no les afecta dejar a familias enteras en la calle, siguen generando miedo metiendo a sus cuadrillas a echar abajo una de las viviendas, usando si fuera necesario a la policía del régimen para amedrentar, para reprimir a quienes se resistan a sus asquerosas voluntades medievales.

Esto no pasa en Venezuela como les gustaría a los próceres de un estado español podrido, sucede en una Canarias arrasada por la miseria, la malnutrición infantil, los desahucios, el desempleo, el fracaso escolar, los suicidios por motivos económicos (28 al mes). Está pasando en una supuesta “democracia” europea, donde solo tienen derechos los millonarios y la delincuencia política y empresarial organizada.

Se hace necesario el apoyo absoluto a estas familias, que todas las organizaciones sociales, sindicales, políticas, culturales de Canarias, se manifiesten, ofreciendo a estas personas todo el respaldo social y económico que sea posible, movilizarnos contra esta caduca aristocracia acostumbrada al servilismo, la genuflexión y la sumisión de los pueblos.

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