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Portugal y Grecia, cara y cruz de la crisis en Europa

Alexandre Manzanero | bez | 23 de mayo de 2017

Hay un país que está de moda en Europa, Portugal, y otro, Grecia, que vive sumido en la depresión. Sus caminos se cruzaron en 2011 cuando el primero encontró al segundo en la pedregosa senda de la austeridad de los rescates internacionales. Viajaron en paralelo hasta 2014. Entonces, el primero recuperó su independencia al hacer los deberes mientras el segundo, tras unas elecciones que llevaron al poder a un nuevo partido, lanzaba un órdago de meses que terminó en el verano de 2015.

Este lunes, Portugal recibió de la Comisión Europea un fuerte respaldo al conseguir la recomendación para abandonar el proceso de déficit excesivo. “En este momento no se requieren nuevos compromisos en el marco del Procedimiento de Desequilibrios Macroeconómicos”, explica la Comisión sobre el país. En junio, los ministros de economía europeos confirmarán la noticia, “reflejo de la confianza iniciada en 2016”, según Mario Centeno, el titular de las finanzas lusas, para quien “se demuestra que las politicas que seguimos en el último año y medio eran correctas y que era posible hacer más y mejor”.

Hace ocho años, la Comisión Europea abrió el proceso de déficit excesivo a Portugal. Grecia no amenazaba la existencia de la zona euro, era apenas un país con baja productividad, excesiva dependencia exterior y enormes rigideces estructurales en sus sectores económicos, desde el mercado eléctrico hasta las televisiones privadas. Ocho años después, Grecia vive su tercer rescate internacional, conocido en la jerga comunitaria como Programa de Asistencia Económica, tras recibir más de 200.000 millones de euros, parte de los cuales entran en la hacienda helena para luego repagar vencimientos de deuda y otros préstamos anteriores.

Portugal cerró los últimos tres meses del año pasado con un crecimiento de siete décimas y ahora ya avanza a ritmos del punto porcentual

También en junio, con suerte, Grecia , el compañero de 2011, obtendrá la aprobación para que sus acreedores europeos le transfieran 7.000 millones de euros. Son los fondos de la segunda revisión del tercer rescate, necesarios para una economía que se contrajo un 1,2% en el cuarto trimestre del 2016 y una décima en los tres primeros meses del año. El país, técnicamente, está de nuevo en recesión sumido por las reformas y ajustes que aplica desde hace dos años. Portugal va como un tiro: tiene un paro del 9,8%, la mitad que España, frente al 23,5% griego, según los últimos datos de Eurostat correspondientes a marzo; cerró los últimos tres meses del año pasado con un crecimiento de siete décimas y ahora ya avanza a ritmos del punto porcentual. Más que su vecina España.

Hoy Grecia tiene un IVA del 23%, de los más altos de Europa, y vive pendiente de si recibirá en junio esos miles de millones de sus socios tras decretar una recorte de las pensiones y un nuevo incremento fiscal para ahorrar o conseguir 4.000 millones de aquí a 2020. Son las últimas medidas aplicadas por el Gobierno de Alexis Tsipras, líder de una Syriza que enarbolaba la bandera antiausteridad. En el verano de 2015 Tsipras lanzó un órdago a Berlín, al FMI y a Bruselas. Lo perdió.

En noviembre del 2015, con el segundo Gobierno Tsipras ya en marcha aceptando todo lo que llegaba de Bruselas, el socialista Antonio Costa quedó en segunda posición en las elecciones portuguesas. Pero la aritmética parlamentaria jugaba a su favor. El primer ministro Passos Coelho había perdido la mayoría absoluta y Costa negoció y consiguió el apoyo del Partido Comunista y del Bloco de Esquerda, el Podemos luso. Muchos lo llamaron el pacto de la geringonça, algo débil e inestable, y Bruselas temió un Siryza 2.0. cuando escuchó que se quería “dejar atrás las políticas de austeridad”. En Lisboa, sin embargo, debieron aprender de lo sucedido con Grecia, de la capacidad de llevar hasta la extenuación a una población con el cierre de sus bancos y la aplicación de recortes tras recortes. Costa habló de ser una alternativa “realista, cuidadosa y prudente”.

Portugal, como un tiro

En los últimos meses Portugal es el país donde más ha caído el paro dentro de Europa. El empleo crece al doble que en la zona euro, las inversiones del primer trimestre aumentaron por encima del 9% y las exportaciones por encima del 10%. En la Bruselas de la austeridad reconocen que las políticas de Costa y su ministro Centeno están dando resultados. Si las previsiones se cumplen, el vecino luso cerrará 2017 con un déficit del 1,5%, en 2018 lo llevará hasta el 1% e iniciará la próxima década ya en superávit. El comisario de Economía, Pierre Moscovici, destaca “las buenas y muy importantes noticias”que suponen para el pueblo portugués el cierre del proceso por el déficit excesivo.

Portugal es el país donde más ha caído el paro dentro de Europa en los últimos meses

La ciudadanía del país experimenta resultados concretos de esas buenas noticias. La jornada laboral se redujo a 35 horas, a principios de año entraron en vigor nuevos incentivos fiscales para la conversión de contratos temporales en indefinidos, hay rebajas en la contribuciones a la seguridad social para los nuevos empleos juveniles, por tercer año consecutivo el salario mínimo ha aumentado y aunque se han gastado más de 4.000 millones en los rescates de bancos y habrá más inyecciones a dos entidades más, el presupuesto está controlado.

“Portugal ha reducido su déficit por debajo del 3% en una forma duradera”, dice Moscovici. Centeno lo resume con un “es el resultado de los portugueses” al tiempo que apunta que su Gobierno quiere cambiar el paso de la austeridad como receta económica en la UE. “Es un compromiso que se refleja en las discusiones que tenemos sobre las políticas que Europa debe seguir y las que nos gustaría que tuviese”, asegura el ministro de finanzas.

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